En las cercanías de Roswell, en Corona, estado de Nuevo México, el 3 de julio de 1947 un objeto desconocido explota produciendo extraños escombros en una finca rural propiedad de Mac Brazel, el área es inspeccionada días después por militares de la Base Roswell y mas tarde bloqueada, el Coronel William Blanchard participa a la prensa del hallazgo de un platillo volante; pocas horas después cuando ya la noticia ha trascendido internacionalmente, un desmentido oficial es emitido desde la comandancia de Fort Worth exhibiendo otros restos e identificándolos como pertenecientes a un globo metereológico. Décadas mas tarde el oficial de inteligencia Jesse Marcel, subordinado de Blanchard, revelara la verdad de los hechos. Las noticias sobre el suceso son reproducidas por los principales diarios del mundo.
Entretanto nuevos hechos se suceden bajo secreto militar; horas mas tarde son descubiertos mas restos de la nave y su tripulación, un funcionario federal y varios civiles se convierten en incómodos testigos. Los nuevos escombros y los cadáveres son llevados finalmente al Hospital Militar de Roswell y de ahi mas tarde por avión a la Base de Forth Worth y luego a Dayton, Ohio para ser sometidos a exámenes que eventualmente incluirían sus autopsias. En Roswell durante el depósito transitorio y reconocimiento de los cadáveres otros civiles entre ellos un proveedor de servicios fúnebres y una enfermera de la base han sido involuntarios testigos de los hechos y se verán comprometidos por la inteligencia militar, sus testimonios ganarán estado público nuevamente en 1991.
La reconstrucción y divulgación de estos hechos es extraoficialmente impedida bajo distintos tipos de presiones, no obstante trascenderán décadas mas tarde por medio del testimonio de testigos directos y obtendrán una difusión limitada a través de medios de prensa alternativos.
Las repercusiones del incidente Roswell
La denominación de 'platillos volantes' reportada por Kenneth Arnold y el desconocimiento del público sobre sus aparentes características favorecen la trivialización del suceso a través de los medios de prensa y despiertan incredulidad. El fenómeno parece extenderse a otras partes del mundo y moviliza al público estadounidense. Se ofrecen recompensas de entre 1.000 y 5.000 dólares a quienes aporten pruebas o capturen un platillo, presentándose distintos ejemplares algunos de ellos de unos pocos centímetros de diámetro y de los mas variados materiales.
En Hollywood es reportado ante las autoridades el 'hallazgo' de un pequeño disco con componentes electrónicos encontrado en el jardín de una residencia, el intruso que es investigado por el FBI, ha chocado aparentemente con el techo de la casa a pesar de carecer de aptitudes para volar. La tripulación de un avión cuatrimotor volando al servicio de la Oficina Gubernamental de Conservación de Suelos se jacta de haber triturado con las hélices a un platillo de pequeñas dimensiones y con componentes de plástico que lo perseguía, ensayándose una nueva denominación para describir el fenómeno, la de yo-yo volante, que por supuesto no prosperará.
Pocos meses atras las diferencias políticas entre los aliados y los rusos han propiciado un nuevo y tenso escenario en el mundo que se conocerá con el nombre de Guerra Fría. La carrera armamentista ha incrementado el espionaje, en este contexto la prevención de que las apariciones de platos voladores pudiesen ser una nueva arma secreta se reflejan en opiniones tan respetables como la del mismo Orville Wright uno de los pioneros de la aviación. Rusia desmentirá toda vinculación con el episodio a traves de su embajador en Washington. Harry Truman, presidente de los EE.UU. ha preferido atribuirle connotaciones sensacionalistas al suceso.
La sistematización de observaciones de objetos voladores de origen desconocido (ovnis) durante las próximas décadas en base a sus velocidades y trayectorias aparentes descartará definitivamente la posibilidad de atribuirles un origen militar. El incidente de Roswell seguirá siendo investigado por las máximas autoridades militares quienes a pesar de contar con información de avistajes de ovnis desde años atras parecen haberse visto inicialmente sorprendidas por el suceso.
El enigma para la mayoría continuará, los que han visto y saben, callan.
Sucesos extraños en los días previos:
El día 3 de julio , pocas horas antes de los sucesos de Roswell un avión C-54 del Ejercito de los EE.UU. que ha partido en un vuelo nocturno desde las islas Bermudas con destino a Miami desaparece sobre el océano. La amplia búsqueda que inician horas más tarde unidades militares y guardacostas no arrojará resultados postivos y una semana mas tarde la nave y su tripulación serán dadas por perdidas.
Un mes antes otro avión C-54 militar se ha perdido misteriosamente en la zona de Mount Rainier y las autoridades han ofrecido una recompensa de 5,000 dólares a quienes puedan aportar información sobre la nave. Kenneth Arnold quien se ha dedicado a esa búsqueda además de no poder resolver el enigma ha abierto las puertas a otro aún más grande.
Los avistajes aéreos en Monte Rainier
Pocos días antes de los sucesos de Roswell, el 24 de junio el piloto civil Kenneth Arnold ha reportado el avistaje en vuelo de varios objetos voladores no identificados en las cercanías del Monte Rainier en el estado de Washington, su testimonio sera corroborado por el avistaje de un fenómeno similar pocos dias mas tarde por parte de la tripulación de un vuelo de United Airlines. Arnold describe la apariencia de los objetos como la de 'platos voladores', la denominación hará historia pero no justicia al tamaño y comportamiento de los mismos que volando inteligentemente en formación responden en apariencia a unobjeto líder que supera largamente el tamaño de un avión.
Hoy ya no caben dudas: si los restos extraterrestre de Roswell no hubiera sido encontrados por civiles el fenómeno habría sido enterrado por las fuerzas de seguridad.
Y bien, ¿Cómo ocurrió? ¿Cómo reaccionaron la prensa, él público y los militares en 1947?.
Todo comenzó en la mañana del jueves 3 de julio de 1947, cuando dos personas desprevenidas tropezaron con los restos de un "plato volador" accidentado en una hacienda. William Mac Brazel capataz del Foster Ranch, y su pequeño vecino de siete años Dee Proctor, estaban examinando los daños causados por una violenta tormenta la noche anterior.
En cierto momento, durante las primeras horas de la noche anterior habían escuchado un estallido en medio de los truenos. No encontrar cercas o molinos dañados pero algo bastante extraño llamó su atención: un campo lleno de pequeño fragmentos de un material brillante.
Según las noticias periodísticas del momento, Mac juntó parte del material y lo escondio bajo un arbusto o cobertizo. Pero se guardó unos pocos fragmentos uno de los cuales tenía encima cuando subió a su auto para llevar a Dee de vuelta a casa de sus padres, Floyd y Loretta Proctor, sus vecinos más cercanos. El chico había estado con Mac porque le encantaba cabalgar, que era lo que el capataz hacía la mayor parte del tiempo.
En julio de 1990, Loretta Proctor fue entrevistada durante una conferencia especial sobre ovnis que organizó el Fund for Ufo Research (Fondo para la Investigación de Ovnis) en Washington. Y como tanto Mac como su marido habían muerto bastante tiempo antes de que empezara a dilucidarse el misterio del aparato accidentado, ella era el vínculo más directo con el comienzo de la historia. Loretta es una típica dama del oeste norteamericano: hospitalaria y para nada interesada en hacerse publicidad, ya que ésta podría comprometer la solitaria vida que lleva en su vieja casa de campo al final de un escabroso camino de tierra.
“Mac tenía ese pedazo de material que había recogido. Quería mostrárnoslo y quería que fuéramos con él para ver lo que había quedado en el lugar de los restos o lo que fuera, pero no fuimos porque no había un medio de transporte y llegar allí se hacía difícil. No consiguió que nadie lo acompañara. El fragmento que trajo tenía el aspecto de un plástico de color marrón claro... era muy liviano, como la madera balsa. No era un pedazo grande, tal vez tenía unos 10 cm de largo, sólo un poco mayor que un lápiz. Tratamos de cortarlo con un cuchillo y también le acercamos la llama de un fósforo, pero no se quemó. Sabíamos que no era madera. Era suave como el plástico y no tenía bordes agudos, como una clavija de color tostado oscuro. No tenía ninguna veta... simplemente liso. Nunca había visto algo así."
En una serie de artículos publicados en la década de 1980, Stanton Friedman y Bill Moore reprodujeron entrevistas con otras personas que habían visto y manipulado fragmentos de los restos de Corona antes de que intervinieran los militares:
La señora Bessie Brazel Schreiber, hija de Mac Brazel, dijo que el material parecía "una especie de papel de aluminio. Algunos fragmentos tenían una especie de cinta pegada, pero ésta no podía despegarse o sacarse de ninguna forma. Algunos pedazos tenían números o letras, pero no eran palabras que pudiéramos leer. Los caracteres estaban escritos como números, en columnas, pero no se parecían para nada a los números que nosotros usamos. Y un pedazo de algo hecho del mismo papel plateado parecía una manga de unos 10 cm de ancho e igualmente largo, con un reborde en un extremo. Y también lo que parecían ser pedazos de un papel fuertemente encerado".
William Brazel, hijo de Mac, agregó: "Algo parecido al papel de estaño, sólo que no se rompía. Uno podía arrugarlo y doblarlo e inmediatamente recuperaba su forma original. Era flexible, pero no se podía plegar o doblar como el metal común. Casi como un plástico, pero definitivamente metálico. Mi padre dijo una vez que los militares le dijeron que no era algo hecho por nosotros.
Había también un material filiforme: parecía seda, pero no lo era. Era un material muy fuerte sin hebras o fibras, como tendría la seda. Era más como un alambre, una sustancia de una sola pieza. Y había unas partículas semejantes a la madera, como la madera balsa por su peso, pero de color un poco más oscuro y mucho más dura. No pesaba nada y no se podía rayar con la uña. Todo lo que yo tenía era unos pedacitos.
No había escrituras o marcas en los fragmentos que yo tenía, pero mi padre dijo que había figuras en algunos de los fragmentos que él encontró. Muchas veces se refería también a los petroglifos que los antiguos indios dibujaron en las rocas de esta región”.
Walt Whitmore Jr., hijo del dueño de la estación de radio Roswell KGFL, declaró: "Era muy parecido al papel plateado de aspecto, pero no se podía romper o cortar de ninguna forma. Extremadamente liviano de peso. Algunas vigas pequeñas, que parecían de madera o de un material semejante, tenían una especie de escritura en ellas que semejaban números que habían sido ya sea sumados o multiplicados, en columnas".
Hasta el momento, las únicas personas que sabían que algo extraño se había estrellado en Foster Ranch eran civiles. La vida de Mac Brazel estaba centrada en la hacienda, y como no conocía la oleada de noticias sobre platos voladores que barría al país, no los relacionó con los fragmentos que encontró desparramados en su campo. Sólo después de que sus amigos le aconsejaron que avisara a los militares sobre lo ocurrido, viajó en su auto hasta Roswell, un trayecto formidable en esos días y que aún hoy significa hacer unos cuantos kilómetros por caminos de tierra.
El domingo 6 de julio, Mac se apareció en la oficina del sheriff del condado de Chaves, George Wilcox, con unas pocas muestras de los restos que había recogido en la hacienda. El sheriff se dio cuenta enseguida de que se trataba de algo poco usual, llamó al campo de aviación militar Roswell y habló con el Mayor Jesse Marcel, el oficial de inteligencia. Entonces, Marcel y Sheridan Cavitt, del cuerpo de contrainteligencia, fueron en auto hasta la hacienda con Mac, iniciando así la participación militar en el asunto.
Cuando Marcel volvió de la hacienda con el coche cargado de restos, pasó por su casa e hizo levantar de la cama a su mujer y a su hijo Jesse para que vieran lo que había encontrado. Como el descubrimiento del extraño material todavía no había sido clasificado como secreto por los militares, Marcel no estaba violando ninguna regla al hacerlo. Jesse Jr., entonces de once años y en la actualidad un exitoso médico, piloto militar de la reserva que sirvió en Vietnam y calificado investigador de accidentes aéreos, recuerda claramente la experiencia: "El accidente y los restos del dispositivo que yo vi dejaron una huella imborrable en mi memoria. El aparato no era convencional en ningún sentido de la palabra; los restos pertenecían probablemente a lo que entonces se llamaba plato volador. Al parecer, éste había sido exigido más allá de su capacidad. Para decirlo me baso en el hecho de que muchos de los restos, incluidos pedazos de vigas de doble T, tenían extraños jeroglíficos en su parte interna, rosados y púrpuras, salvo que no creo que hubiera figuras animales como en los ,jeroglíficos egipcios. Los restos del accidente fueron simplemente descriptos como fragmentos metálicos no identificables, pero había una buena cantidad de vigas de doble T intactas. Yo sólo vi una pequeña parte de la totalidad de los restos." .
Las amenazas y los cadáveres
Un tiempo antes de que el sitio del accidente fuera clausurado, el sheriff Wilcox visitó el lugar y aparentemente vio muchas cosas. A comienzos de 1991, Kevin Randle entrevistó a Barbara Dugger, nieta de George e Inés Wilcox. El sheriff había muerto cuando Barbara aún era chica, pero ella vivió con su abuela mientras iba a la facultad, llegando a establecer una relación bastante estrecha con Inés Wilcox. Según Barbara, su abuela le dijo: No se lo cuentes a nadie. Cuando ocurrió el incidente, la policía militar vino a la oficina y nos dijo a George y a mí que si alguna vez decíamos algo del asunto no sólo nos matarían a nosotros, ¡sino también a toda nuestra familia! 'Alguien llamó a mi abuelo y le contó el incidente, el fue hasta el sitio y vio los restos; había una gran zona quemada. Era el atardecer. Había cuatro seres allí. Sus cabezas eran grandes. Usaban trajes como de seda. ¡Y uno de los `hombrecitos' estaba vivo! Si ella dijo que ocurrió, ocurrió".
En cuanto a la amenaza de muerte, la abuela de Barbara lo aclaró a fondo: "Hablaban en serio Barbara, ¡no estaban bromeando!”. Ella dijo que el incidente perturbó mucho a mi abuelo. Nunca más quiso ser sheriff. Ella era una ciudadana muy leal y pensó que para el bien de la nación no debía hablar del tema". Inés Wilcox murió poco después, a la edad de 93 años.
Hay una pauta muy clara en lo que se refiere a las amenazas a los testigos que vieron solamente restos del aparato no padecieron demasiadas presiones, mientras que los que vieron cuerpos fueron tratados mucho más severamente. Como el contacto con los fragmentos no demostraba la naturaleza extraterrestre del accidente, es comprensible que los testigos cuya experiencia se limitara a ese aspecto no fueran considerados como un riesgo por los militares. Pero bastaría un breve vistazo a un cuerpo para que resultara obvio que se trataba de un acontecimiento no humano. Por lo tanto, también se entiende que el gobierno decidiera aplicar una presión más drástica sobre quienes habían visto los cuerpos.
Miembros de la prensa local fueron también participantes involuntarios del drama, no meros observadores. Una tarde, Frank Joyce, de la estación de radio KGFL, recibió un llamado telefónico mientras trabajaba en la estación. El hombre que estaba del otro lado de la línea (presumiblemente Mac Brazel) le informó que había restos de un aparato en su hacienda. "Me preguntó que podía hacer al respecto. yo le recomendé que fuera a la base aérea militar Roswell. Poco después, el Teniente Walter Haut vino a la estación, me entregó un informe de prensa escrito en papel cebolla y se fue de inmediato. Yo lo llamé a la base y le dije: `Le sugiero que no publiquen este tipo de informe que dice que ustedes tienen un plato volador; y él me contestó: No, está bien. Tengo autorización de C.O.' (el Coronel Blanchard). Envié el informe por el sistema telegráfico de la Western Union a la oficina de United Press Cuando volví a la estación encontré un despacho telegráfico que decía: `El Cuerpo del Aire (sic) dice que tiene un plato volador'. Tipiaron un párrafo o dos y entonces otras personas entraron en la línea y pidieron más información. Luego empezaron a llegar los llamados telefónicos y yo los derivé (al campo de aviación). "De pronto el sistema telegráfico se detuvo y empezó a zumbar A continuación entró una llamada telefónica; la persona que llamaba se identificó como un oficial del Pentágono.
Este hombre me dijo algunas cosas bastante feas sobre lo que me pasaría. Realmente estuvo muy agresivo. Por último, pude decirle: `¡Usted está hablando de un informe del Cuerpo de Ejército del Aire de Estados Unidos!'el teléfono estaba muerto; el hombre simplemente se esfumó Después (el dueño de la estación) Walt Whitmore me llamó y me dijo, Frank, ¿qué está pasando allí ?. Estaba muy perturbado Me preguntó:"De dónde sacaste esa historia? Mientras tanto, yo tome el informe de prensa (de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos) y lo escondí para tener una prueba y que nadie pudiera acusarme de inventarlo. Whitmore vino a la estación .Y yo le di el informe él se lo llevó.
"El siguiente hecho significativo ocurrió a la noche. Recibí un llamado de Brazel. Me dijo: No hemos contado bien esta historia'. Yo lo invité a que viniera a la estación; Llegó poco después de que oscureciera. Estaba solo, pero yo tenía la sensación de que nos observaban. Me dijo algo de un globo meteorológico. Le contesté: `Mire, Mac, esto es completamente diferente de lo que usted me dijo por teléfono el otro día sobre hombrecitos verdes'. Y ahí fue cuando me dijo: `No, no eran verdes'. Tuve la impresión de que estaba muy presionado. Me dijo: `Nuestras vidas ya nunca serán lo mismo'. ".
La otra estación de radio de Roswell, KSWS, también se metió en la aventura. En algún momento del lunes 7 de julio, un miembro del staff, Johnny McBoyle, habría visitado la hacienda de ovinos y habría visto los restos y tal vez también cuerpos. Si bien se niega a discutir el asunto aun después de casi medio siglo, el testimonio lo brindó su colega, Lydia Sleppy, la operadora de teletipo cuyo mensaje fue interrumpido tan misteriosamente. Durante mucho tiempo se creyó que ya había muerto, pero fue localizada y entrevistada por Stanton Friedman en octubre de 1990.
"Nosotros éramos Mutual Broadcasting y ABC y si teníamos alguna noticia que valiera la pena, la poníamos en el teletipo, y yo era la que tipiaba. Estaba en mi oficina. (El dueño de la estación) Merle Túcker estaba en Washington, tratando de que aprobaran su solicitud para instalar una estación en El Paso, cuando llegó una llamada de John McBoyle. Me dijo que tenía una noticia sumamente interesante para la red. Le dije: `Dame un minuto, que llamo al subgerente', porque si se trataba de eso quería que uno de ellos estuviera presente mientras yo lo tomaba. Busqué a Karl Lambertz (que venía de la gran estación de Dallas) y le pedí que me acompañara y observara. John dictaba y Karl estaba a mi derecha. Avanzarnos lo suficiente como para que me diera cuenta de que la historia era bastante importante, cuando sonó el timbre (señal de una interrupción), y apareció en el teletipo la frase: `Éste es el FBI paren la transmisión'.
"Yo tenía mi cuadernillo de taquigráfía y me volví para decirle (a Karl) que había sido interrumpida, pero que podía tomarlo en taquigrafía y después lo pasaríamos a la red. John continuó con la historia y yo escribí en mi cuadernillo: él había visto cómo se llevaban `la cosa'. Había estado allí (supuestamente en la hacienda Foster) cuando se la llevaron.. Y en ese momento, me acuerdo exactamente, John dijo que la cargaban paro llevarla a Texas. Pero cuando llegaron los aviones, eran del campo de aviación Wright.
No se sabe si esto ocurrió antes de que el teniente Haut difundiera su explosiva noticia sobre la recuperación por parte de los militares de los restos de un plato volador o al mismo tiempo. Pero una vez que la noticia voló, la reacción de la prensa nacional v mundial fue rápida. Durante las dos últimas semanas habían circulado relatos de vuelos "de rutina de discos brillantes o esferas plateadas vagamente descriptos. De manera que la prensa quiso sacar todo el partido posible de esta rara historia sobre recuperación de fragmentos de "una de esas cosas".
De pronto, Roswell, Nuevo México apareció en el mapa. La vida del soñoliento pueblito del oeste, cuyo principal mérito era ser la sede del Grupo Bombardero 509 que transportó la bomba atómica, se había visto sofocada durante mucho tiempo por la seguridad militar. Pero ahora el lugar se había transformado, de la noche a la mañana, en el centro mundial de... algo raro. En la oficina del sheriff, las estaciones de radio, los diarios y, por supuesto, el campo de aviación Roswell, se recibían innumerables llamados telefónicos desde lugares tan lejanos como Londres. Los pobladores estaban encantados con toda esta atención, pero los militares se estremecían.
Todo el mundo quería saber mas sobre este estruendoso acontecimiento: ¿Qué se había encontrado exactamente en la hacienda' ¿Cuál era su aspecto' Qué se había hecho con eso? Se podía ver? Y en especial, ¿eran realmente restos de uno de esos misteriosos platos voladores?
Los militares ocultan las pruebas
Los militares se hicieron cargo del territorio del accidente ovni expulsando a los civiles y exigiéndoles el más completo silencio acerca del incidente.
Jesse Marcel y el capitán Cavitt, del organismo de contrainteligencia CIC, llegaron al Foster Ranch la noche del domingo, después de recorrer caminos en pésimo estado y algunos trechos a campo traviesa. Pasaron la noche en bolsas de dormir en una pequeña construcción y a la mañana siguiente fueron llevados por Brazel al lugar donde éste había encontrado el material. En 1979, Marcel describió su experiencia:
"Cuando llegamos al lugar del accidente, me sorprendió la vastedad de la zona dañada. No era una cosa que hubiera dado contra el suelo o explotado en tierra. Era algo que debió de explotar en el aire, viajando quizás a una alta velocidad. No sabemos. Pero los fragmentos estaban desparramados en una zona de 1.200 metros de largo, y bastante ancha, de decenas de metros de ancho. Así que procedimos a recoger todos los fragmentos que pudimos encontrar y los cargarnos en nuestro jeep. Me resultaba bastante obvio, por mi actividad, que izo se trataba de. un globo meteorológico, ni de un avión ni de un misil. Pero lo que era, no lo sabíamos. Simplemente recogimos los fragmentos. Era algo que nunca había visto antes, y yo estaba bastante familiarizado con todas las actividades aéreas. Cargamos completamente el jeep, pero no me sentí satisfecho. Le dije a Cavitt: “Lleve este vehículo de vuelta a la base, que yo voy a volver allí y recoger todo lo que entre en mi auto”, cosa que hice. Pero en total sólo recogimos una pequeña parte del material que estaba allí desparramado.
"Una cosa que me impresionó de los escombros era que buena parte parecía pergamino. Otra gran cantidad eran fragmentos, vigas doble T con símbolos que debimos llamar jeroglíficos porque no los pude interpretar, no podían leerse; eran simplemente símbolos, algo que quería decir algo, y no eran todos iguales. Las piezas en las que estaban pintados (de paso, aclaro que esos símbolos eran rosados y púrpuras) eran en realidad lavanda. Yesos fragmentos no podían romperse ni quemarse. Yo traté de encenderlos, pero no hubo caso. Lo mismo pasó con el pergamino que teníamos.
"Pero algo más sorprendente fue que los pedazos de metal eran tan finitos como el papel plateado de un paquete de cigarrillos. No presté demasiada atención a eso al principio, hasta que uno de los soldados vino y me dijo: '¿Sabe?, el metal que estaba allá... traté de doblarlo y no se dobla. Hasta lo intenté con una maza, pero no es posible hacerle una abolladura'. Yo no volví para mirar los restos porque estábamos ocupados en la oficina, tenía bastante trabajo. Estoy seguro de que ese muchacho no mentía, porque era un tipo muy sincero, muy honesto, así que acepté su palabra. Yo no lo vi golpeando ese material con un mazo, pero él me dijo: `Definitivamente, no puede doblarse y es tan liviano que parece pluma'. Y así era todo el material que se trajo: tan liviano que no pesaba prácticamente nada.
Una vez que los militares de alto rango (es decir, influyentes) se dieron cuenta de que se trataba de materiales muy inusuales, con los que no tenían experiencia, organizaron rápidamente una misión para recuperar lo que había quedado en el campo, a fin de averiguar lo más posible sobre ellos e impedir que cayeran en las manos equivocadas (o sea, las del público). Sea lo que fuera, debía mantenerse en secreto al menos hasta que la plana mayor de Fort Worth o Washington decidiera qué hacer con él.
Un amplio grupo de soldados fue enviado al "campo de escombros" (sic) de la hacienda ovina cercana a Corona, incluida una buena cantidad de policías militares cuya tarea era limitar el acceso al lugar. Al parecer, los fragmentos que estaban en ese campo no componían la totalidad del dispositivo al que habían pertenecido, así que se inició una amplia búsqueda para encontrar el resto. Sin duda, esto se hizo por tierra (usando jeeps v camiones) y desde el aire, en pequeños aviones de enlace, que en caso necesario pueden aterrizar en terreno abrupto.
Los Seres Extraterrestres
Después de un par de días, la búsqueda dio resultado. A pocos kilómetros del "campo de escombros" se encontró la parte principal del aparato, y a uno o dos kilómetros de ésta los cuerpos de pequeños humanoides.
La sorprendente noticia (que posiblemente incluía el hecho de que uno de los humanoides todavía estaba vivo) fue enviada al cuartel general, y la naturaleza de la operación cambió.
Cualquier sospecha de que los fragmentos pertenecieran a algún avanzado misil o avión soviético se desvaneció al percibirse que la tripulación y, por lo tanto, también el aparato... Una operación importante se convirtió de inmediato en una misión absolutamente vital. Nunca había ocurrido algo semejante el hombre se había encontrado cara a cara con seres de otro mundo. Nos visitaba una civilización avanzada, cuyos motivos eran totalmente desconocidos.
Eran exploradores científicos amistosos o la vanguardia que preparaba una invasión? Si sus motivos eran bélicos, ¿teníamos alguna probabilidad de resistir a seres capaces de construir aparatos que los trasladaban a millones de millones de kilómetros de su lugar de origen? ¿Qué pasaría, digamos, si sus amigos vinieran a buscarlos?
Aunque el entonces mayor y luego teniente coronel Marcel habló a fines de los años 70 sobre su experiencia, Sheridan Cavitt se negó incluso a reconocer que estuvo en la hacienda con Marcel. Sin embargo, otro hombre del cuerpo contrainteligencia de Roswell, Bill Ricket, relató recientemente su participación en estos hechos a poco de iniciarse la intervención militar: "El material era muy duro y liviano. Se podía curvar, pero no doblar. Por lo que yo sé, nunca descubrió de qué estaba hecho".
Rickett acompañó al doctor Lincoln LaPaz, famoso experto en meteoritos del New Mexico Institute of Meteoritics, que realizó una gira por el lugar de la caída y zonas aledañas, y contó que "LaPaz quería tratar de descubrir cuál había sido la velocidad y trayectoria de `la cosa' Era un experto de renombre mundial en trayectorias de objetos que se desplazan por el cielo, especialmente meteoros, y a mí me habían dicho que le brindara toda la ayuda que pudiera. LaPaz entrevistó al ganadero Brazel. Recuerdo que durante la conversación este hombre mencionó que algunos de sus animales habían actuado en forma extraña después del incidente. Por alguna razón, el, doctor LaPaz pareció muy interesado en este dato. El experto quiso sobrevolar la zona, e hicimos los arreglos necesarios. Durante el vuelo pudo descubrir otro punto donde, según le pareció, la cosa había aterrizado y luego despegado nuevamente. En ese sitio, la arena se había transformado en una sustancia vidriosa. Recogimos una caja de muestras de este material y, si no recuerdo mal, también aquí había muestras de metal, como el papel plateado descubierto primeramente. LaPaz envió la caja a alguna parte para su estudio, no sé o no recuerdo dónde, pero nunca más lo vi. Este sitio estaba a algunos kilómetros del primero.
"LaPaz era muy hábil para hablar con la gente, en especial con algunos de los peones, que casi no sabían inglés. EL científico dominaba el español. Recuerdo que encontró un par de personas que habían visto... no sé cómo llamarlos, ovnis, supongo. De todos modos, habían visto a dos de esas cosas' volar lentamente a muy baja altura, al atardecer, en una fecha que, según pudo establecer LaPaz, fue uno o dos días después de que estallara el otro aparato. Esta gente también habló de animales afectados por el incidente.
"Antes de volver a Albuquerque, me dijo estar seguro de que esa cosa había estado en dificultades, que se había posado en tierra para reparaciones, despegado nuevamente y luego explotado. También estaba seguro de que había más de uno de esos dispositivos y que los otros habían estado buscándolo; al menos eso fue lo que dijo. Estaba absolutamente seguro de que la cosa había tenido un desperfecto. La explicación de la Fuerza Aérea (que era un globo) era totalmente falsa. No era un globo. Nunca supe con seguridad cuál era su propósito, pero no era el vuestro. Recuerdo haber especulado con LaPaz sobre que podría tratarse de alguna civilización más avanzada que nos estaba controlando. LaPaz no estaba en contra de la idea, pero dijo que las especulaciones no entrarían en su informe."
Lamentablemente, el doctor LaPaz, que en 1950 había tenido una participación activa en un estudio de "bolas de fuego verdes" que tenían algunas características de ovnis, murió antes de que nadie se enterara de su actuación en el episodio de Nuevo México. Su informe es uno de los muchos documentos que el gobierno ha logrado esconder del público durante más de cuarenta años.
En general, el gobierno logró plenamente su objetivo de mantener en secreto los detalles de los aparatos accidentados.
Fotos Secretas
Se conocen pocos nombres de militares y otras personas que visitaron los sitios, y los que sí se conocen, en la mayoría de los casos no se han mostrado dispuestos a hablar. Con una fascinante excepción. En noviembre de 1990, Stanton Friedman pudo coronar meses de negociaciones entrevistando a cierta persona: un hombre que dice, en una forma muy creíble, que estuvo allí. F.B. era un fotógrafo de la Fuerza Aérea que cumplía funciones en la estación naval aeronáutica de Anacostia, en la ciudad de Washington. Un día de comienzos de julio de 1947, él y otro fotógrafo, A.K. fueron embarcados en un bombardero B‑25 y llevados al campo aéreo de Roswell. F.B. le contó a Friedrnan: "Una mañana nos dijeron: `Hagan sus valijas. Tendremos cámaras allá, listas para ustedes'. No sabíamos adónde íbamos. Mi cámara Speed Graphic 4x5 estaba en el avión, y después de unas pocas horas de vuelo, llegamos a Roswell. Subimos a un auto del personal, y parte del equipo que trajimos fue cargado en camiones, viajamos alrededor de una hora y media hacia el norte.
"Llegamos a uno de los tres sitios de aterrizajes violentos en la zona de Corona, y había una cantidad increíble de gente, en una tienda de campaña cerrada. Prácticamente no se podía ver nada dentro de la carpa. Me dijeron: `Prepare la cámara para tomar una fotografía a cinco metros'. A.K. se subió a un camión que se dirigía al lugar donde estaban recogiendo fragmentos. Había toda clase de metal por ahí. Y nos gritaban lo que debíamos hacer: `¡Tome esto, tome lo otro!'
"Pude ver cuatro cuerpos cuando el flash hizo explosión, pero estaba casi enceguecido porque era un día tan lindo, tan soleado... Uno entraba en esa tienda de campaña, que estaba terriblemente oscura, y todo lo que se fotografiaba eran cuerpos. Cuerpos que estaban debajo de una lona que ellos levantaban, y uno tomaba la foto; quitábamos el bulbo del flash, poníamos otro, tomábamos otra foto y le dábamos a un oficial el carrete de película (cada carrete tenía sólo dos hojas de filme cortado de 10 x 12 centímetros), y entonces pasábamos a la toma siguiente.
"Calculo que habría entre diez y doce oficiales y, cuando yo me preparé para entrar, salieron todos. La tienda de campaña medía alrededor de 6 x 9 metros. Los cuerpos parecían estar colocados sobre un lienzo encerado. El tipo que daba todas las instrucciones agarraba una lámpara de flash y se ponía en un lugar: `¿Ven esta lámpara', decía. Respuesta: `¡Sí, señor!'. `¿Están enfoco con ella`¡Sí, señor' `Tomen una foto de esto'. Entonces sacaba la lámpara. Nos , movíamos en círculo, tomando fotos. Me parecía que los cuerpos eran idénticos: oscuros, delgados, con una cabeza demasiado grande. Yo torné unas treinta fotos. Creo que tenía unos quince carretes. Había un olor raro allí.
"A.K. volvió en un camión que estaba cargado de escombros. Un lote de fragmentos que antes no estaban ahí sobresalían de la caja. En el camino de vuelta al aeropuerto (Roswell), nos dijeron que olvidáramos todo lo que habíamos visto. A eso de las cuatro de la mañana siguiente, nos despertaron, desayunamos y subimos al B‑52. Una vez en Anacostia, un capitán de corbeta terminó de `lavarnos el cerebro' (tanto a F.B. como a su amigo A.K. se les dijo claramente que lo que fuera que creyeran haber visto en Nuevo México, no lo habían visto jamás)."
Habría cantidades de hombres involucrados de una forma u otra en la recuperación de los cuerpos y los restos de los aparatos accidentados en tres sitios de la zona de Corona: el campo de escombros descubierto primeramente por Brazel, el lugar donde aterrizó el aparato y el punto donde fueron encontrados los cuerpos en sus "cápsulas de escape" y donde suponemos que
F.B. tomó sus fotos. Pocos de estos hombres han podido ubicarse, y la mayoría habría muerto mucho antes de que alguien pensara en acercarse a ellos para entrevistarlos.
En cuanto al aterrizaje violento en las Planicies de San Agustín, 240 kilómetros al oeste, la llegada de los militares fue observada por alrededor de doce civiles: Gerald Anderson y su familia, un grupo de estudiantes de arqueología o geología con su profesor, y el ingeniero gubernamental Barnett. De éstos, Barnett les contó a varios amigos algo de esta experiencia, y Anderson entró en grandes detalles sobre lo ocurrido cuando aparecieron los militares mientras él y los otros trataban de darle algún sentido a esta traumatizarte experiencia.
Según un amigo cercano de Barnett, Vern Maltais, aquél habría dicho: "Mientras mirábamos los cuerpos, un oficial militar llegó en un camión con el chofer y tomó el control. Le dijo a todo el mundo que el ejército se haría cargo de la situación y que abandonaran el lugar. Otros militares llegaron y acordonaron la nona. Nos dijeron que nos fuéramos y que no habláramos con nadie sobre lo que habíamos visto, que era nuestro `deber patriótico' permanecer en silencio".
Gerald Anderson, en su entrevista de setiembre de 1990, describió estos hechos con énfasis:
"Los soldados nos indicaban por dónde ir retrocediendo y caminaban al lado del auto. Cuando llegamos a la ruta, vimos que hormigueaba de soldados. Había barricadas y de todo. Y la última vez que vimos al profesor Buskirk y sus estudiantes, estaban parados allí hablando con otro soldado (Glenn dijo que parecía un oficial) y Buskirk señalaba hacia el sitio del aterrizaje. A nosotros nos hicieron tomar hacia el este por la ruta a Datil. Y nos gritaron: `¡No paren, no vuelvan!'. Cuando miré para atrás y vi el plato volador clavado en el suelo, justo cuando dimos la vuelta a los árboles, había un montón de soldados y estaban todos alrededor del aparato, pero ya no pude ver a la tripulación (del plato volador) que antes estaba en el suelo. Estaban llegando más vehículos y maquinaria y parando allí. Como el camión que había llegado primero.
"Los soldados se movían alrededor. Estaban haciendo muchas tareas raras y tirando una especie de cables. También parecía que ponían algo en el suelo, y sacaban cosas de los camiones. Un montón de ellos simplemente estaba parado ahí. Pero la actividad era frenética. Cuando entramos en la ruta principal, ya habían puesto una barrera y estaban trayendo cosas, y me acuerdo que había un jeep que arrastraba un trailer con un motor, como un generador. Cuando estábamos en la ruta, Ted preguntó a un soldado: `¿Podemos volver hasta el almacén y comprar algo para tomar?'. `¡No! ¡Váyanse para allá! ; el soldado apuntó hacia el este. Fue activo y directo."
Una vez que los Anderson fueron ahuyentados del sitio del accidente y ya estaban camino a casa, los militares pudieron proceder como querían sin nadie que los observara. Los materiales que retiraron fueron llevados con rumbo desconocido, si bien se ha sugerido como posible destino White Sands/Alamogordo, y también Los Álamos y la Base Sandia. Estos lugares tienen instalaciones científicas que permitirían analizar los restos del accidente y hasta los cuerpos, y todos tienen altas condiciones de seguridad. Pero las claves no son lo que uno esperaría... hasta ahora.
En algún lugar hay una gran cantidad de material y probablemente piezas bastante grandes de dos o más ovnis que vinieron a terminar sus días dentro de las fronteras estadounidenses, y tal vez en el territorio de una o más naciones amigas. Donde exactamente, es un misterio. Incluso los fragmentos que fueron a parar a Wright Field desde Roswell y Fort Worth pueden no estar allí hoy. Tal vez fueron trasladados varias veces por razones de seguridad y para la investigación científica top secret.
Abundan rumores de que Estados Unidos estuvo involucrado en un intento de hacer volar un ovni capturado, desde una de sus bases secretas en Nevada. Algunos individuos afirman incluso que hemos trabajado en estrecha colaboración con extraterrestres para adaptar su tecnología a nuestros usos. Y que algunos de nuestros primeros aviones furtivos (en particular el caza Lockhed F-117 y el bombardero Northrop B-2) se beneficiaron del asesoramiento "externo". Pero no hay absolutamente ningún fundamento para tales afirmaciones; por lo tanto, deben considerarse tan sólo rumores. Los autores creen que puede tratarse incluso de desinformación aportada por representantes gubernamentales anónimos, para confundir aún más la escena del fenómeno ovni.
En un nivel mucho más razonable, se ha sugerido que el primer material extraterrestre recuperado era tan técnicamente avanzado que no podía ser entendido ni siquiera por los más brillantes y experimentados científicos. Se ha hecho una analogía con el hipotético regalo de un moderno reloj digital electrónico a Leonardo da Vinci, uno de los verdaderos genios en la historia de la Humanidad. Da Vinci no sólo hubiera sido incapaz de imaginar cómo funcionaba, sino que además no hubiera tenido ninguna clave para averiguarlo. El chip del tamaño de una estampilla no hubiera significado nada para él, y tampoco el registro de cristal líquido. No hubiera tenido más remedio que guardarlo con la esperanza de que, en el futuro, alguien averiguara algo que permitiera descifrar el extraño dispositivo.
Lo mismo podría decirse de los ovnis que se estrellaron en Nuevo México en 1947: tal vez estaban tan avanzados en comparación con nuestra ciencia y tecnología, que los esfuerzos para entender incluso pequeñas partes de ellos resultaron totalmente inútiles. Entonces se habrían almacenado, controlándose periódicamente para comprobar si los últimos conocimientos arrojaban alguna luz sobre su exótica composición.
Podríamos estar esperando todavía que nuestros conocimientos científicos los alcancen. O tal vez sí descubrimos cómo funcionaba el ovni modelo 1947 y estamos empleando ese conocimiento. O quizás aprendimos realmente cómo está construido un aparato extraterrestre, cómo se opera y cómo vuela.
Rumbo a lo desconocido
Los detalles sobre la recuperación y embarque de los restos y los cuerpos de los aparatos siniestrados en Corona y las Planicies de San Agustín son escasos. Como esto fue hecho por los militares en zonas remotas donde los pocos residentes eran conscientemente patrióticos, era mucho más fácil mantener en secreto los detalles que los despojos observados por civiles. Quiénes estuvieron involucrados y dónde se llevó el material son temas para la investigación.
Como se sabe, todo empezó cuando Mac Brazel llevó algunas muestras de escombros encontrados en la hacienda Foster a la oficina del sheriff George Wilcox en Roswell, el 6 de julio. Después que el mayor Marcel y el oficial de contrainteligencia Cavitt dejaron Roswell para dirigirse al Foster Ranch, las muestras aparentemente quedaron abandonadas en la oficina del sheriff, ya que no tenía sentido llevarlas de vuelta a la hacienda. Según las hijas del sheriff Wilcox, entrevistadas en 1990, el ejército llegó hasta ahí, hizo bastante ruido y se llevó los extraños fragmentos. Casi con seguridad, éstos fueron a parar directamente a la oficina del coronel William Blanchard, comandante del campo de aterrizaje Roswell.
Qué hizo exactamente Blanchard con las muestras sólo puede suponerse, pero parece muy probable que las enviara por aire al cuartel general de la Octava Fuerza Aérea en Fort Worth, Texas, donde el comandante de esta unidad, el general Roger Ramey, se hizo cargo de ellas. Según el brigadier general retirado Thomas Jefferson DuBose, entrevistado en 1990 por Stanton Friedman, el material del accidente de Corona estaba en Fort Worth dos o tres días antes de la conferencia de prensa del 8 de julio, el, la que el general Ramey expuso la falsa historia del globo meteorológico.
Esas muestras pudieron haber llegado a Fort Worth mientras Marcel y Cavitt todavía estaban camino a la hacienda Foster, cuando .prácticamente nadie en el mundo había tomado conciencia de que algo inusual había ocurrido cerca de Corona. Esto era probablemente la pequeña cantidad de material que el entonces coronel DuBose vio envuelto en plástico y atado a la muñeca del Coronel Al Clarke, comandante de la base de Fort Worth Con su preciosa carga llevada a la categoría de correspondencia diplomática secreta, Clarke fue trasladado en avión a la ciudad de Washington, por orden directa del general Clemente McMullen comandante interino del Comando Estratégico del Aire en la base Andrews de la Fuerza Aérea. Fue McMullen quien dio la orden telefónica a DuBose de llevar los fragmentos por esa vía e inventar una historia de encubrimiento para engañar a la prensa. No se sabe qué ocurrió con el material cuando llegó a Washington, pero pudo muy bien haber jugado un papel importante en la tarea de convencer a quienes estaban a 3.200 kilómetros de Nuevo México sobre que "algo de significación cósmica" había ocurrido.
Cuando Marcel y Cavitt volvieron al campo de aviación Roswell a primera hora de la mañana el 8 de julio, traían consigo dos coches llenos de escombros. Fueron éstos, o por lo menos gran parte de ellos, los que Marcel acompañó en un vuelo a Fort Worth v que describió como ocupando "la mitad de un B‑29". Si bien el B‑29 era un avión grande, fue diseñado para llevar elementos pesados (bombas) antes que una cantidad considerable de objetos más livianos que podrían llevarse en un mero avión de carga. Por lo tanto habría sido posible llenar hasta la mitad el espacio de almacenaje de un B‑29 (su compartimiento para bombas) con tan sólo los escombros cargados por una estanciero y un jeep.
No se sabe cuántos aviones despegaron del aeropuerto de Roswell cargando despojos del sitio de Corona, o si todos ellos fueron trasladados. Wright Field (luego Base de la Fuerza Aérea Wright‑Patterson), en Dayton, Ohio, es a menudo citado como el destino de uno o más de estos vuelos. Wright parece un destino lógico, ya que albergaba buena parte de los laboratorios científicos de la Fuerza Aérea y allí trabajaban algunos de los técnicos más brillantes del arma. Pero los detalles simplemente no han sido desenterrados.
Hay razones para creer, sin embargo, que por lo menos un avión fue enviado desde Wright Field ya sea a Roswell o a Fort Worth, para recoger material y devolverlo a Wright Field. El hijo de un hombre que supuestamente estaba en ese vuelo le dijo a Stanton Friedman que la tripulación incluso jugó con parte de los fragmentos en el vuelo de regreso.
Se sabe que no mucho tiempo después que Marcel y Cavitt volvieran de la hacienda Foster con su carga de fascinantes fragmentos, una fuerza militar mucho más amplia fue enviada al lugar para recoger hasta la última partícula. Los residentes testificaron que la policía militar levantó barricadas alrededor de la hacienda, manteniendo al público lejos de la escena. También mantuvieron alejada a la prensa, como afirmó Jud Roberts, entonces gerente de la estación de radio KGFL, en una entrevista de 1990: "Yo quería ir al sitio del, accidente. El dueño de la estación W.C.Whitmore había estado allí, pero al igual que yo no pudo llegar cerca. Pensé que podríamos hacerlo por caminos laterales, que hay muchos en la zona, pero tampoco lo logramos". Los dos hombres tropezaron con policías militares que les advirtieron: "Lo lamentamos, pero el camino está cerrado. Están en un área restringida, ¿entendido?". Y agrega Roberts: "No era algo raro. Ya habíamos tenido experiencias semejantes antes, cuando se produjeron accidentes de aviación. Habían bloqueado toda la zona y era perfectamente razonable, me parece. Creo que no llegué ni a 25 kilómetros (del sitio del accidente en la hacienda Foster) ".
Aunque limitada, la evidencia de la zona de Corona sugiere que hubo tres sitios separados vinculados con el siniestro: el llamado campo de escombros en la hacienda Foster, donde tantos fragmentos fueron encontrados por Brazel y luego recogidos por Marcel y Cavitt; un sitio a varios kilómetros de allí donde estaba el cuerpo principal del aparato; y un lugar, a dos o tres kilómetros de este último, donde fueron encontrados los cuerpos dentro o cerca de lo que Glenn Dermis describió como "cápsulas de Escape".
¿Cuatro u ocho extraterrestres?
Las descripciones de los cuerpos no sólo son altamente coherentes, sino también concuerdan en la mayoría de los aspectos con las que han dado personas supuestamente "secuestradas" por presuntos extraterrestres.
Además, las mismas descripciones generales de extraterrestres pueden encontrarse en los relatos de personas que afirman haberlos visto cerca de sus naves cuando acababan de aterrizar, en lo que ha dado en llamarse encuentros cercanos del tercer tipo.
El total de extraterrestres recuperados puede ser hasta ocho: tres muertos y tal vez uno vivo del siniestro en la hacienda Foster, y tres muertos y uno vivo del ocurrido en las Planicies de San Agustín. Pero independientemente del total, deben de haberse reunido suficientes partes corporales como para mantener ocupado durante largo tiempo a un equipo médico de primera categoría, disecando, analizando v elaborando teorías, y luego escribiendo sobre el acontecimiento más espectacular en la historia de las ciencias biológicas.
Mantener tal información oculta e impedir su acceso a la comunidad científica puede considerarse un desmesurado acto de maldad, ya que es muy posible que estos conocimientos llevaran a importantes avances médicos v científicos. Además, si tan sólo un extraterrestre hubiera vivido lo suficiente como para establecer con él por lo menos la más simple de las comunicaciones, se habría logrado un asombroso aumento de los conocimientos ,Generales. Lamentablemente, la insistencia del gobierno norteamericano en mantener un secreto absoluto impidió al mundo acceder a una colosal oportunidad de acrecentar elconocimiento humano.
Entre julio de 1947 y julio de 1994 la Fuerza Aérea de los Estados Unidos mantuvo un mutismo absoluto alrededor del "caso Roswell", uno de los incidentes OVNI más complejos que se recuerdan. De esta manera, las autoridades evitaron pronunciarse sobre la eventual recuperación de los restos de un platillo volante siniestrado en uno de los abundantes parajes desérticos de Nuevo México. En 1994 esa actitud cambió, y la USAF optó por tratar de explicar el caso como la caída de un globo experimental de alto secreto. Javier Sierra dedicó su primer libro a este misterio, encuestando testigos, revisando material gubernamental y sacando sus propias conclusiones. Este artículo suyo resume parcialmente la cuestión.
El llamado "caso Roswell" es, sin duda, el incidente OVNI más trascendente de la historia de este enigma. Tuvo lugar a primeros de julio de 1947, cuando en un rancho próximo a Corona y distante unos 70 kilómetros de Roswell, en Nuevo México (EE.UU.), William MacBrazel encuentra unos restos extraños esparcidos por su finca. Se trataba de una caótica colección de fragmentos metálicos que cubrían más de un kilómetro cuadrado de terreno, de aspecto bizarro, metalizados y algunos cubiertos de una especie de indescifrables "jeroglíficos". ¿A qué clase de ingenio pertenecían aquellos restos? ¿A un avión experimental que había sufrido un accidente en el desierto? ¿A un globo? ¿...O a otra cosa?
Pocos días más tarde, oficiales de inteligencia de la base aérea de Roswell inspeccionaron el lugar y tomaron abundantes muestras de aquellos fragmentos. McBrazel no recibió ninguna explicación al misterio, y se le ordenó guardar silencio. Finalmente, el 8 de julio de 1947, en la edición de tarde del Roswell Daily Record, se publicó una nota de la oficina de prensa de la base militar de la ciudad en la que se afirmaba que la Fuerza Aérea "captura un platillo volante en un rancho de la región". Aquel titular sensacionalista fue, sin embargo, desmentido horas después siguiendo órdenes de Washington, y pronto se enterró oficialmente todo el asunto. Esto, no obstante, no impidió que surgieran rumores sobre un segundo lugar de impacto donde otros testigos aseguraron que los militares recogieron fragmentos mayores de una nave espacial así como los pequeños cuerpos de sus tripulantes. Había nacido uno de los rumores más intensos, contradictorios y extraños del siglo XX... Pero déjeme el lector que le sitúe mejor:
Nunca es tarde para estas cosas.
Con cierto despiste, el investigador neoyorquino Manuel Fernández, el periodista Enrique de Vicente y yo deambulamos unos minutos por el hall de la sede del FBI en Nueva York en busca de una de las 23 "librerías oficiales" que el Gobierno de los Estados Unidos tiene distribuidas por todo el país. Cuando finalmente dimos con ella, el trámite fue fácil: a cambio de 52 dólares, el dependiente puso en nuestras manos un libro de aproximadamente 1.000 páginas, recién publicado por la Fuerza Aérea norteamericana, y titulado El informe Roswell: realidad contra ficción en el desierto de Nuevo México. Se trataba –al menos en esa fecha– de la última palabra de los militares sobre el caso Roswell y la eventual recogida de restos pertenecientes al accidente de un platillo volante relativamente cerca de la frontera mexicana.
Lo que tanto el texto de Weaver como el nuevo Informe Roswell argumentaban era que los restos de aquel "OVNI" eran, en realidad, fragmentos del vuelo nº 4 del Proyecto Mogul. Fue este, al parecer, un programa ultrasecreto auspiciado por la Universidad de Nueva York bajo la coordinación del doctor Charles Moore, que pretendía situar micrófonos de alta sensibilidad en las capas altas de la atmósfera gracias a sencillos globos de sondeo meteorológico. ¿Su intención?: comprobar si era posible detectar ondas procedentes de eventuales pruebas nucleares soviéticas en Siberia. Es decir, lo secreto nunca fue el material utilizado en aquellas pruebas, sino el propósito último de los lanzamientos de los globos. A fin de cuentas, la razón de la cautela militar era más que evidente: en 1947 se suponía que sólo Estados Unidos –y más concretamente la base de Roswell– poseía armas atómicas; la sola posibilidad de que los rusos pudieran haber desarrollado esa misma tecnología amenazaba con transformar el equilibrio político del momento creado tras el final de la II Guerra Mundial. Como así sucedería poco más tarde.
Dos globos perdidos... y un OVNI
Según la Fuerza Aérea, el Proyecto Mogul realizó once lanzamientos de globos entre Mayo y Julio de 1947 en Nuevo México. Se trataba de globos sonda convencionales a los que se les unía una larga "cola" de reflectores de radar parecidos a cometas, hechos de papel de aluminio y madera de balsa fijada con cinta adhesiva. Pues bien, de acuerdo con la información suministrada por la USAF, sólo dos de aquellos once vuelos cayeron en paradero desconocido y nunca fueron recuperados. Se trataba de los globos números 3 y 4, lanzados los días 29 de mayo y 4 de junio de 1947 respectivamente.
¿Podría corresponder uno de aquellos aerostatos a los restos que encontrara en el rancho Foster el granjero William MacBrazel? Sobre esta suposición orbita hoy toda la autodefensa de la Fuerza Aérea. Una suposición frágil si tenemos en cuenta que entre la fecha del último vuelo citado y el inicio del caso Roswell media casi exactamente un mes y que –según confesara el propio doctor Moore a la USAF– difícilmente los restos de aquellos globos podían resistir durante mucho tiempo bajo el sol del desierto sin que aparecieran escamas en el neopreno primero, y quedaran reducidos a un montón de cenizas pocos días después.
Y eso no es todo: el hombre que recogió los primeros restos del OVNI de Roswell, el granjero MacBrazel, no encontró la etiqueta adhesiva que siempre acompañaba esta clase de artilugios y que ofrecía una sustanciosa recompensa a aquel que devolviera los restos del globo a las autoridades. MacBrazel no sólo no cobró nunca esa recompensa, sino que incluso permaneció detenido por militares de la base de Roswell entre el 9 y el 15 de julio de aquel lejano 1947. Éstos no sólo le mantuvieron alejado de sus tierras (y del OVNI) durante seis días, sino que incluso le obligaron a cambiar sus primeras declaraciones con la intención de echar tierra al asunto.
El papel de la prensa
El "secuestro" de MacBrazel tenía una poderosa razón de ser. Su hallazgo fue prematuramente divulgado por el oficial de relaciones públicas de la base, el teniente Walter Haut, en un comunicado de prensa en el que se aseguraba que los militares habían tomado por fin posesión de un platillo volante. En 1991 entrevisté a Haut en su casa de Roswell, y él mismo me aclaró la película de los hechos. Según este teniente, una oportuna llamada desde Washington, del general Clemens MacMullen al general de brigada Roger Ramey en Dallas (y superior jerárquico de la base de Roswell), ordenó silenciar el asunto y construir la tapadera informativa que explicara que todo había sido una lamentable confusión. Que lo recuperado en Roswell eran, en realidad, los restos de un sencillo globo sonda.
De hecho, el propio general de brigada Ramey, para disipar cualquier sombra de duda entre los periodistas, ordenó que un B-29 llevara hasta su Cuartel General fragmentos del "OVNI" que poder mostrar en una rueda de prensa y que demostraban su tesis. Asombrosamente nadie le formuló entonces la pregunta clave: ¿cómo había sido posible que los restos de un evidente globo sonda como el que mostró Ramey en Dallas hubieran podido confundir de semejante forma a los bien entrenados hombres del Servicio de Inteligencia militar de la base de Roswell?
El asunto, desde luego, no terminó ahí. Minutos después, oficiales bajo las órdenes de Ramey telefoneaban al FBI para aclarar esta situación, dando pie, poco después, a un télex federal en el que se explicaba que lo recuperado en Nuevo México había sido "un globo meteorológico con un reflector de radar", y en el que se informaba de que éste estaba siendo transportado "por un avión especial a la base de Wright Field para su examen".
Un "globo" muy especial
¿Qué tenía de especial aquel "globo" para recibir todas esas atenciones y ser trasladado a la base de Wright Field (más tarde Wright Patterson)? ¿Por qué no sucedió esto mismo con ninguno otro de los vuelos del Proyecto Mogul? ¿Por qué en ninguno de los otros descensos de globos de este proyecto secreto no se acordonó la zona, ni se amenazó o retuvo a testigos en contra de su voluntad?
Todo esto, en cambio, sucedió en Roswell. El sheriff George Wilcox, por ejemplo, fue el primer civil que entró en contacto con William MacBrazel y quien le recomendó que se dirigiera a los militares para ponerles al corriente de su hallazgo. Pues bien, este agente del orden fue severamente amenazado por los propios militares para que guardara un escrupuloso silencio sobre los hechos. Las amenazas causaron tan honda impresión en él, que poco después rechazaba la candidatura a su reelección como sheriff de la localidad. También fue amenazado el dueño de la emisora KGFL que divulgó la primera noticia elaborada por el teniente Haut, así como otra radio mayor, la KOAT de Albuquerque, y algunos otros testigos civiles cuyos relatos han ido recuperándose con el correr de los años.
¿Cómo entonces –se preguntará con justicia el lector– se venció el miedo a las amenazas y hoy puede saberse más de lo que sucedió cerca de Roswell en 1947? Muy sencillo: en 1978 el físico nuclear canadiense Stanton Friedman localizó al Mayor retirado Jesse Marcel, el oficial de la inteligencia militar que recuperó del rancho de MacBrazel los restos del "OVNI" y que, ya entrado en años y alejado de las obediencias militares, no dudó en reconocer que lo que él recogió del rancho Foster no fueron piezas de ningún globo sonda. Tras él confesaron el ex-teniente Walter Haut, el hijo de MacBrazel (Bill), los vecinos del rancho Foster y otros muchos militares directa o indirectamente implicados en el asunto. Todos coincidían en un punto: fuera lo que fuese lo que cayó en el rancho de MacBrazel, aquello no se parecía en nada a un globo sonda. Es más, la descripción de los restos que dio Marcel tampoco coincidía en absoluto con las características de uno de estos globos: allí había hojas de aspecto metálico, muy ligeras, que no pudieron ser dañadas ni con martillos, tijeras o punzones y resistentes al fuego y al calor; también encontró una especie de pequeñas vigas metálicas muy ligeras y fuertes, con ciertos signos grabados en uno de sus lados, así como una especie de piedras negras como de plástico negro.
Reacciones militares
Paradójicamente, lo que mejor "certifica" la extrañeza del caso Roswell es la propia reacción de los militares a partir de decretarse el secreto en torno a este asunto. Antes del accidente de Roswell, ni la Fuerza Aérea ni ningún otro organismo militar habían adoptado ninguna normativa explícita de censura hacia la información OVNI. No obstante, esta actitud pareció dar un giro de 180 grados desde el mismo momento en que el general MacMullen ordena la ocultación de la información relativa al accidente de Nuevo México.
La misma mañana del accidente, la del 4 de julio de 1947 (y fiesta nacional), el comandante en jefe nacional de los veteranos de guerra norteamericanos, Louis E. Starr, anunciaba en su discurso que a las 15 horas de ese día esperaba recibir un telegrama del Pentágono en el que se aclararía por fin quién o qué se escondía tras el entonces novedoso enigma de los platillos volantes. Las horas pasaron sin que el telegrama llegara, hasta que el propio Starr decidiera pasar página sin cumplir su promesa y declarara, días después, que esperaba despejar todos los malentendidos después de que el general Carl Spaatz –entonces comandante de las Fuerzas Aéreas– regresara de "cazar un platillo". ¿Se refería Starr al objeto de Roswell? ¿Desde cuando estaban los militares tras su pista?
A finales de aquel mes otro general, George Schulgen, recibía un completo informe basado en 18 observaciones de OVNIs seleccionadas de entre las mejores del periodo precedente, y en el que se establecía sin género de dudas que los OVNIs eran aeronaves discoidales, capaces de volar en perfecta formación, y que poseían una parte inferior abultada y una pequeña cúpula en su parte superior. Más tarde, el 23 de septiembre de 1947, el general Nathan Twining –que el 8 de julio de 1947 se encontraba, casualmente, en Nuevo México– redactó otro documento en donde se leía que "el fenómeno es real y no algo visionario o ficticio" y que había que "pensar en la posibilidad de que algunos objetos son controlados tanto de forma manual, automática o por control remoto". Con estos y otros datos, el general Schulgen se descolgaba el 28 de Octubre de aquel mismo año afirmando en otro documento, destinado a los servicios de información de la USAF en todo el mundo, que los OVNIs estaban construidos "utilizando varias combinaciones de metales, hojas metálicas, plásticos y quizás madera de balsa o material similar". ¿Cómo podía saberlo si no era basándose en los restos de Roswell, que se ajustan como un guante a esta descripción?
47 años después...
El silencio militar ha durado casi cinco décadas. Fue a partir de 1992, cuando dos investigadores civiles –Kevin Randle y Don Schmitt– reavivaron el caso Roswell entrevistándose con nuevos testigos, que el asunto del OVNI estrellado volvió a preocupar a los militares. Estos dos ufólogos convencieron al representante republicano por Nuevo México, Steven Schiff, de la gravedad de los hechos y éste decidió poner en un aprieto a la USAF encargando la reinvestigación del caso a la Oficina General de Contaduría (GAO) del Congreso. Se trata de un organismo público que sirve para controlar, entre otras cosas, los más de 30 billones de dólares anuales destinados a "fondos reservados" y que dispone de "carta blanca" para investigar en el seno de organismos gubernamentales.
Pues bien, antes que la GAO finalizara su informe, la USAF hizo público el suyo en Julio de 1994. No sólo era la primera vez que la Fuerza Aérea se pronunciaba sobre el caso Roswell desde el desmentido del general Ramey cuarenta y siete años antes, sino que era el primer comunicado oficial sobre OVNIs de la USAF desde el cierre del Proyecto Libro Azul en 1969. En él ya señalaba al vuelo nº 4 del Proyecto Mogul como el responsable del caso.
Un año más tarde, en Julio de 1995, la GAO emitía su propio informe, respaldando tácitamente el elaborado previamente por el coronel Weaver, pero asegurando que le ha sido imposible acceder a la información del caso porque alguien no identificado, contraviniendo la normativa vigente, había destruido la información administrativa básica de la base de Roswell correspondiente, entre otros, al periodo del accidente del OVNI. Además, su informe descartaba por completo que hubiera sido un accidente aéreo, un misil o un fallo nuclear el responsable del OVNI.
Finalmente, dos meses más tarde, la USAF remataba su faena con su monumental compendio El informe Roswell. Justo cuando en todo el mundo no se hablaba de otra cosa que de cierta película que presuntamente recogía las autopsias practicadas a unas extraterrestres barrigonas... y que en 1995 se emitían por las televisiones de medio mundo.
Autopsias dudosas
A primeros de 1995 –justo cuando todos los investigadores del caso Roswell esperábamos el pronunciamiento de la GAO sobre lo que sucedió en Nuevo México en el verano de 1947– surgió la noticia: un productor de televisión británico llamado Ray Santilli, se había hecho con 90 minutos de película "top secret" filmada por un tal Jack Barnett durante las autopsias practicadas a los tripulantes del OVNI de Roswell. La filmación, comercializada espectacularmente en los meses siguientes, nos desvió de nuestra espera de reacciones oficiales en Estados Unidos y nos obligaba a replantearnos el caso Roswell casi en su totalidad.
A fin de cuentas, si la película era verdadera debía aceptarse también la versión de Jack Barnett de que el OVNI de Roswell se estrelló a primeros de Junio (y no de Julio) de 1947, y que los tripulantes eran sensiblemente diferentes a lo que habían descrito otros testigos.
La "versión Barnett", sin embargo, no prosperó. La filmación presentaba –y presenta aún– muchos aspectos oscuros que obligaban a recelar de su autenticidad. Los últimos han sido apuntados por el investigador norteamericano Kal Korff quien, tras adquirir por 100.000 dólares una copia en video de "primera generación" de la filmación de las autopsias, ha descubierto numerosas irregularidades. Falta, por ejemplo, una cuarta pared en el quirófano –tal y como sucede en los escenarios de televisión–; ha encontrado el reflejo de una lámpara de set cinematográfico en algunos fotogramas y hasta ha localizado trazas de manipulación digital.
Lo sospechoso de este asunto, aún por encima de quién se esconde tras la autoría de este más que probable fraude, es el objetivo del mismo. ¿Qué se pretendía al hacernos creer que el OVNI de Roswell cayó a primeros de junio de 1947? ¿Acaso igualar la fecha a la del vuelo nº 4 del Proyecto Mogul? Y es más: ¿por qué la película de las autopsias se divulga justo a finales de Agosto de 1995, días antes de la emisión de El informe Roswell de la USAF? Mi impresión particular es que estos dos últimos hitos en la historia reciente del caso Roswell fueron coordinados para añadir confusión a este incidente y dificultar una pronta liberación de toda la información reservada al respecto. Y esa tesis es la que defiendo en mi libro Roswell, secreto de Estado.