Caso sucedido el 29/09/1989 en la localidad gaditana de Conil de la Frontera, sobre el supuesto avistamiento de unos humanoides en la Playa de los Bateles.
Mediados del mes de septiembre de 1989. Ya oscurecido, algunos vecinos de la localidad costera de Conil, en la provincia de Cádiz ( sur de España ), observan desde la playa de Los Bateles las evoluciones de unas extrañas luces.
Las observaciones se prolongan durante dos semanas, siempre a partir de las 20 o 21 horas. La noticia trasciende y el viernes, 29 de septiembre, se dan cita en la mencionada playa un total de cinco jóvenes, todos ellos vecinos de la referida población andaluza. Su intención, como en las noches precedentes, es asistir al singular espectáculo de las silenciosas luces que se desplazan por la zona. A las 20.45 horas, aproximadamente, aparece sobre la vertical de los testigos una "media luna" con unas luces rojas en el interior. El semicírculo se dirige en silencio hacia el pueblo. Al poco, también sobre las cabezas de los muchachos, surge otra luz. Esta lleva a cabo una serie de fogonazos a lo que responde una tercera luz ubicada sobre el puerto.
Los jóvenes contemplan los "no identificados" con unos prismáticos de 7 x 50 aumentos. Hacia las 21 horas, sentados en la arena y a unos cincuenta metros del agua, los testigos ven aparecer en la orilla a dos seres altos, de más de dos metros, luciendo unas vestiduras blancas y hasta el suelo. Las cabezas también eran blancas, sin pelo y sin caras.
Los seres, con los brazos pegados al cuerpo y unos andares torpes, se dirigen hacia el grupo. Cunde el pánico y los jóvenes huyen. Los seres se detienen y, al poco, los muchachos hacen otro tanto. Se hallan a veinte o treinta metros. Los seres giran y dan la espalda a los cinco testigos. Parecen observar la luz roja que permanece inmóvil sobre el puerto de Conil. En esos instantes, los vecinos ven caer lo que denominan una "estrella fugaz". Es una luz pequeña, como una pelota de tenis y de un color blanco-azulado. Surge a escasos metros sobre las cabezas de los seres y se esfuma cuando parecía que iba a chocar contra ellos. Acto seguido, sin inmutarse, los dos seres se sientan en la arena y excavan un pequeño montículo a su alrededor. La "muralla" tiene forma de herradura.
Segundos después, según los testigos, "se dejan caer de espaldas, siempre tiesos como palos". Aparece entonces una esferita azul y los seres empiezan a pasársela de uno a otro. La secuencia se prolonga durante cinco o diez segundos. De pronto, uno de los jóvenes - que seguía la escena con los prismáticos - sale huyendo. Cuando otro de los testigos consigue detenerlo, aquel le explica que ha visto un tercer ser, al pie de los que se hallaban tumbados en la arena. Era mucho más alto. Alrededor de tres metros, vestido de negro y con una monstruosa cabeza en forma de pera invertida.
Al reintegrarse al grupo, el ser de negro ha desaparecido. Los seres que vestían de blanco se ponen en pie. Pero, ante el desconcierto de los testigos, ahora son un hombre y una mujer, aparentemente normales. El primero, alto, viste camisa y unos pantalones vaqueros. La mujer, de pelo largo, luce una blusa y una falda hasta el suelo. Y ,sin pérdida de tiempo, hombre y mujer se dirigen hacia el pueblo, perdiéndose entre las calles. En esos instantes, los asombrados jóvenes asistieron a otro no menos extraños suceso. Sobre el agua descubrieron algo que parecía una "nube". Se acercaba a la costa a gran velocidad. Y al llegar a la orilla distinguieron al ser de negro.
Con la ayuda de los prismáticos observaron que se trataba de una figura altísima, enfundada en una especie de "mono" negro y con una cabeza blanca y descomunal. Y se quedó quieto, mirándolos. E inmediatamente se puso en marcha, alejándose hacia poniente. Pero lo más increíble - explicaron los testigos - es que no tocaba la arena. Se deslizaba a una cuarta del suelo y rígido como un poste. Aquello no era correr... Más bien "volaba". E, inexplicablemente, dos de los muchachos salieron tras él. Pero la persecución duraría poco. El resto de los testigos, lógicamente alarmado, reclamó a gritos a sus compañeros. Estos se detuvieron y el ser hizo otro tanto, dando la cara a los jóvenes. Estaríamos a cincuenta o sesenta metros - manifestaron - cuando giró hacia nosotros. Los ojos eran como dos huevos negros y la cabeza, enorme, parecía una pera al revés. El espanto nos obligó a huir... El ser de negro se perdió en la oscuridad y las luces que habían permanecido en lo alto, intercambiando destellos, desaparecieron igualmente. Eran las 21.30 horas, aproximadamente.