Dr. Anthony Choy Montes  
   
line decor
   :: HOME :: CASOS HISTORICOS ::
line decor
 

 
El Incidente Chulucanas: Por el Dr. Anthony Choy Montes [Investigador Independiente].

El presente Informe resume el trabajo de investigación que se viene realizando desde febrero del 2002 sobre la ciudad de Chulucanas, al norte del Perú y el enigmático Cerro PILÁN, suscitado por una serie de fenómenos anómalos GRABADOS EN VIDEO y encuentros cercanos de todos los tipos de acuerdo a la Clasificación Hynek, que al parecer vienen sucediendo desde tiempos inmemoriales, pero que desde mediados del 2001 se ha empezado a intensificar.

A la fecha (octubre del 2005) he realizado 17 viajes a los dominios de El Pilán. Y lo que se ha encontrado, tendrá resonancias profundas tanto en la evolución actual de la investigación del fenómeno OVNI, como en las consideraciones que tiene la opinión pública actualmente sobre dicho tema.

Es el motivo de este Informe presentar a la Comunidad Científica y a la Opinión Pública Mundial lo que he denominado “El Incidente Chulucanas”.

Luminosas naves rojo-anaranjadas de 150 a 200 metros de longitud flotando en completo silencio durante dos horas y media, el 13 de octubre de 2001, sobre una multitudinaria celebración religiosa en la ciudad de Chulucanas, al norte de Perú, formando extrañas figuras geométricas y luego fusionándose en una sola esfera de luz,

12 días después, el 25 de octubre de 2001, aparición de naves en la misma zona, que aterrizan en tres lugares diferentes en medio del campo, 20 días después, el 15 de noviembre de 2001, una de las naves ingresa a la ciudad, bajando del cielo y causando pánico en la población.

Las investigaciones concuerdan en que el epicentro de estos extraordinarios fenómenos se encuentra en el misterioso Cerro Pilán –antiguas leyendas se refieren a dicho promontorio como un Colina Sagrada y Prohibida– donde desde tiempos inmemoriales desaparecen personas y ganado. Algunas personas que han regresado refieren que se pierden en el cerro, no logran visualizar el paisaje y cuando logran bajar han avanzado tres o cuatro días adelante, a pesar de haber estado pocas horas

Un historiador peruano refiere que en 1902 se vio sobrevolar lentamente un inmenso bólido rojizo que yendo por toda la región, desde el mar por la zona de Talara, cruzó todo el valle y se estrelló en dirección al Cerro Pilán. Coincidentemente, se ha logrado ubicar una inmensa huella al costado de dicha colina de aproximadamente 300 m2 en forma de herradura, donde no crece el pasto y el suelo esta compuesto de piedra molida, a pesar de estar rodeado de un espeso bosque y un suelo compuesto de grandes bloques de piedra.

Se han ubicado testigos que cuentan haber visto extraños seres caminar entre los campos, de apariencia humana, de 2 metros de alto, de extraños ojos rasgados, trajes luminosos apretados, que flotan al movilizarse, y que les han dejado insólita información sobre la tecnología de sus naves e insólitos mensajes a la Humanidad.

Se ha logrado ubicar con vida a un Oficial retirado de la Fuerza Aérea Peruana, campeón mundial de vuelo en tirabuzón que en la década de los sesenta publicó un libro de pequeña circulación que narraba que en 1959, sobrevolando la costa norte peruana, fue inmovilizado en pleno vuelo de práctica por un insólito objeto metálico discoidal que lo retuvo en el aire cerca de una hora. Hoy nos revela lo que nunca antes contó: que fue llevado al interior de una nave, divisando a sus seis tripulantes, con los cuales pudo conversar, revisado corporalmente y posteriormente devuelto a su avión, en las inmediaciones del cerro Pilán, en Chulucanas. Dicho ex-oficial desconocía por completo los últimos hechos que reportamos. Nunca fue creído, fue tildado de loco, pero siempre quedó un hecho muy extraño: la revisión técnica de su avión reportó que él estuvo en el aire cerca de dos horas cuando tenía combustible sólo para 45 minutos.

Existen testimonios de pilotos de la Fuerza Aérea Peruana de probada solvencia moral y destacada trayectoria profesional, que narran haber visto en la misma zona Gigantescas Naves de tamaños casi imposibles. Cuentan que a mediados del 2000, sobrevolando a una altura de 12.000 pies, divisaron en la misma región, muy cerca del cerro Pilán, en medio de una noche cerrada, un descomunal círculo de fuego cuyos bordes emitían una onda de calor rojo anaranjada que medía, según sus cálculos, de entre quince y venticinco km. de longitud.

Los estudios han determinado que dicho fenómeno ocurre desde tiempos inmemoriales, pero que por una razón aun desconocida, se han intensificado en los últimos meses. Y desde mediados de Febrero de 2001 están ocurriendo a diario. De hecho, la zona de Chulucanas es conocida mundialmente no solo por la bellísima y singular cerámica que es reconocida internacionalmente, sino también por haber sido sede de la famosa cultura anterior a los Incas, denominada Vicus (250-650 D.C.), célebre por su extraordinaria orfebrería en oro y plata y su cerámica, que en décadas pasadas atrajo la atención de muchos “buscadores de tesoros”. De dicha cultura proceden los “Misteriosos Hombres Voladores de Vicus” y extraños ceramios en forma discoidal con hombres aparentemente blancos, con escafandras en la cabeza, a manera de pilotos. Se ha logrado ubicar en la misma zona varias decenas de extraños y profundos hoyos hechos en la roca viva, de perfecta forma circular y pulcramente pulidos cuyo origen y utilidad habían permanecido desconocidos. Pero los resultados de recientes investigaciones arqueo-astronómicas nos llevan a conclusiones muy sugerentes. Al parecer, antiguos pobladores andinos, cuya cultura aún no podemos precisar, tenían extraordinarios conocimientos astronómicos, y de acuerdo al movimiento de estrellas y constelaciones regían sus ciclos agrícolas. Para observar detenidamente el cielo, pacientemente realizaban dichos hoyos pétreos, los llenaban de agua y así, a la manera de hermosos “Espejos de Cielo”, a través de estos ingeniosos observatorios astronómicos pre- hispánicos estudiaban el cielo andino.

Mas aquí viene lo singular. Ellos no observaban indiscriminadamente todo el firmamento, sino que escogieron una sola Constelación. La que las antiguas Culturas Peruanas llamaban “Las siete cabrillas ”. Hoy, la Ciencia Astronómica Moderna le ha dado otro nombre: la constelación de Las Pléyades. Y como es sabido, desde la década de los sesenta, muchos “Contactados” a nivel mundial, reiteradamente se refieren a estas constelaciones como la cuna de origen de una de las civilizaciones “visitantes”. El dato arqueo-astronómico es genuino. La conexión Chulucanas-Pléyades debe seguir investigándose. Se sabe, de acuerdo a los conocimientos astronómicos actuales, que es imposible la vida en Las Pléyades, tal como la conocemos. Pero, ¿acaso no estamos asistiendo a una crisis de los paradigmas científicos actuales? Curiosamente los lugareños conocen a la zona como platillos...

Más de tres años y medio de investigaciones realizadas por el Dr. Anthony Choy, desde febrero del 2002, quien desde Lima realizó 17 viajes de estudio a esta bella zona del Norte Peruano, ha llegado a determinar a la zona de Chulucanas, y sobre todo al epicentro de estos misterios que es el Cerro Pilán, como una de las mayores zonas de actividad OVNI a nivel mundial, ya que en estos momentos se están dando avistamientos en forma intensa.

Está circulando desde hace varios años atrás, dentro de la Comunidad Ufológica Internacional, un video grabado por el Centro de Control de Vuelos Espaciales en Moscú, Rusia, referido al acoplamiento del Trasbordador Espacial Discovery con la Estación Rusa MIR el 18 de noviembre de 1995, en donde cámaras instaladas en dicho Trasbordador enfocan y graban el preciso momento en que inesperadas e insólitas esferas de luz empiezan a rodear al MIR, alejándose y acercándose en aparente actitud exploradora y cuyo origen es totalmente desconocido. En el video se muestra claramente a través de las pantallas de control que en el momento de este “inesperado acoso espacial”, la MIR y el Discovery sobrevolaban los cielos del Norte del Perú, precisamente sobre Piura y la zona de Chulucanas. ¿Extraña coincidencia?

Extrañas Luces en el cielo


Primeros avistamientos realizados directamente por el Dr. Anthony Choy en la zona del cerro Pilán el 22 de Febrero de 2003.

Durante la visita del equipo de la Cadena Internacional TeleMundo de Estados Unidos, acompañado del Dr. Anthony Choy, el sábado 22 de febrero del 2003 en el caserío de “Piura La Vieja”, luego de terminar las grabaciones, el equipo regresó a la ciudad de Piura, mientras el Dr. Anthony Choy decidió pernoctar en dicho poblado, para seguir con las investigaciones.

“Piura La Vieja” es un poblado muy pobre con no más de 900 habitantes que carecen de luz eléctrica y agua potable. Irónicamente, durante los primeros años de la presencia española dicho lugar fue varias veces Capital del Virreinato del Perú (Siglo XVI) y aún hoy permanecen las ruinas como un triste recordatorio de su antiguo esplendor. Sin contar que mucho antes de los españoles fue sede de una de las culturas pre-incas que mayor avance alcanzó en su cerámica y orfebrería de oro y plata: la Cultura Vicus.

A las 21.23 p.m. del día 22 de febrero del 2003, apareció sobre el cielo de Piura La Vieja y en presencia del Investigador Anthony Choy, quien en esos momentos se encontraba acompañado de aproximadamente 40 personas que habían salido a la plazuela principal ante los gritos de la población, un pequeño objeto luminoso muy lejano cuyo brillo parpadeaba, cambiando constantemente de color, en trayectoria lenta pero constante, en completo silencio, que venía de dirección Noroeste hacia dirección Sudeste, evidentemente en dirección hacia el Cerro Pilán, aproximadamente a 40 grados sobre la línea del horizonte (bastante bajo). Muy difícil saber con exactitud la distancia que separaba al fenómeno de los espectadores, el tamaño del objeto, la velocidad que tenía. Siguió su trayectoria, pareció descender y se posicionó encima del Cerro Pilán, donde luego de algunos segundos, desapareció. Eran las 21.28 p.m.

Aproximadamente a las 21.45 p.m. volvió a repetirse el mismo fenómeno. Esta vez duró poco menos de cuatro minutos. Repitió la misma trayectoria. Y terminó sobre la cima del Cerro Pilán.

El último avistamiento ocurrió alrededor de las 22.15 p.m. Esta vez el recorrido del extraño “Lucero” pasó de largo el Cerro Pilán ubicándose dos cerros más adelante, sobre el denominado Cerro “Horquetudo”. Duró igual cerca de cuatro minutos.

Cielo: totalmente despejado en el cenit, y ligeramente nublado hacia el horizonte. Una noche ligeramente clara y fresca. Podríamos decir que estábamos aproximadamente a cuatro Km del Cerro Pilán, pero aún no lo he verificado. Es muy difícil que haya sido un avión, un helicóptero o similar por la total ausencia de sonido, porque fueron tres trayectorias una detrás de la otra, y porque intempestivamente se detenían bruscamente sobre el Cerro Pilán. En cuanto a estos tres avistamientos, merecen verificarse algunos datos. Sin embargo, la población en pleno sí cree en lo que vió. Al despedirme al día siguiente sólo me quedó darles un último consejo: “Por favor, vigilen los cielos... vigilen los cielos....vigilen los cielos...”

Más avistamientos reportados: Sábado 1 de marzo de 2004. Hora 9.20 p.m. Objeto luminoso circular color rojo anaranjado, según pobladores del lugar “dos veces más grande que la Luna llena” . Trayectoria lenta pero constante, viniendo de la ciudad de Chulucanas, se inmovilizó encima del Cerro Pilán. Duración del evento: 20 minutos aprox. Testigos: 20 personas aprox.

Algunos otros avistamientos reportados y grabados en video:

Sábado 4 de mayo de 2003. Un grupo de personas habían decidido pasar la noche en la cima del Cerro Pilán y observaron un silencioso objeto luminoso rojo anaranjado sobrevolar la zona en la que pernoctaban en dirección a la zona de Matanzas. Eran las tres de la madrugada.

Martes 19 de agosto de 2003. Hora 10.32 p.m. Lugar: cielo de la ciudad de Chulucanas. Tres extrañas bolas de luz de color blanco muy potente estuvieron durante 23 minutos sobre la ciudad de Chulucanas formando una especie de triángulo. Fueron grabadas en video. Este último caso es muy interesante, pues habría indicios (fotografias y video) que uno de los objetos se posicionó encima de una de las autoridades más representativas de la ciudad de Chulucanas. Estamos en investigación.

Nota importante actualizada: A la fecha (octubre de 2005) podemos ya concluir que en la zona denominada “El Epicentro de todos los Misterios”, el Cerro Pilán, ocurren un promedio de de 7 u 8 reportes de avistamientos por semana. Es imposible en estos momentos tener un record exacto del promedio de apariciones semanales porque está pendiente de implementación la instalación de un equipo permanente de observación en la zona.

Presentación a nivel mundial del “Incidente Chulucanas”

En abril de 2002 se entregó un Informe pormenorizado de la investigación de campo realizada por el Dr. Anthony Choy a un Comité Especial de la Oficina de Investigación de Fenómenos Aéreos Anómalos de la Fuerza Aérea del Perú (OIFAA). Posteriormente, después de un año de investigaciones y no sin antes haberse confirmado preliminarmente toda la información recogida, el Dr. Choy ha decidido presentar a nivel mundial “El Incidente Chulucanas”, a la ciudad del mismo nombre, y sobre todo el valle dominado por ese promontorio tan misterioso y prohibido que es el Cerro Pilán, en el Departamento de Piura, al norte del Perú, como en estos momentos una de las mayores zonas de actividad OVNI a nivel mundial, y como el primer caso en revelarse dentro del denominado “El proyecto 33 ”.

El proyeto 33: Después de varios años de investigación y de viajar prácticamente por todo el Perú recogiendo decenas de testimonios, grabaciones de video y fotografías, acopiando además muchos mitos y leyendas del cual su país es extraordinariamente rico, el Dr. Anthony Choy ha logrado identificar 23 zonas de intensa actividad OVNI que prácticamente cubren el 75 % del territorio nacional, y que convierten al Perú en una “potencia ovnilogica”. Así como el sabio Antonio Raimondi decía que el Perú es un mendigo sentado en un banco de oro, yo más bien digo que el Perú es un ciego milenario sentado sobre un baúl lleno de maravillas y misterios.

Es así que surge “El Proyecto 33”, que no es otra cosa que una vasta, minuciosa y desapasionada investigación de treinta y tres extraordinarios casos debidamente documentados –cuyas investigaciones algunas ya han concluido y otras estan en marcha –, no sólo sobre el fenómeno OVNI sino también de diferentes temáticas que de alguna manera no sólo sean misteriosas sino que abran nuevos caminos de investigación para la comunidad científica en campos tan controversiales como la criptozoología, la parapsicología, la medicina cuántica, etc. El Primer Caso de “El Proyecto 33” en ser revelado es precisamente “El Incidente Chulucanas”.

Comenta el Dr. Choy : “Hay tres actitudes ante los misterios todavía inexplicados del Hombre y el Universo: cerrar los ojos ante las evidencias es una, atemorizarnos ante Lo Desconocido es otra. El problema es que ambas posiciones nos inmovilizan y nos sumergen en la ignorancia. Y, si somos ignorantes, somos presa fácil de cualquier manipulación. Mas existe otra alternativa. Fascinarnos ante Lo Desconocido. Dicha fascinación nos hará perder el miedo y nos impulsará a La Verdad. ‘Verita Liberavit Vos’ decía Jesucristo en el Nuevo Testamento. ‘La verdad nos hará libres’, es cierto, pero a su vez es una verdad a medias. La verdad nos hace libres, siempre y cuando estemos preparadosa para recibirla. Y en la historia de la ciencia y la tecnología cada vez que hubo un avance científico (que es descubrir una parcela del conocimiento humano de la verdad) su utilización ha servido tanto para hacer el bien como para el mal. El descubrimiento de la manipulación de la energía atómica, basado en ideas de científicos como Albert Einstein, ha servido para mejorar el tratamiento de graves enfermedades, la generación de energía eléctrica, etc., pero también fue aplicada sobre Hiroshima y Nagasaki. Las teorías marxistas nos dieron algunas claves sobre el funcionamiento de las sociedades humanas y su evolución histórica, pero fueron la justificación para el establecimiento de sangrientas tiranías, que a su vez cometieron horrendos genocidios. Las ideas formuladas por Charles Darwin sobre la evolución de las especies fue un avance importantísimo para el entendimiento bio-histórico de la Humanidad, pero a la vez fue utilizado como argumento para limpiezas étnicas basadas en algunos principios como en la malinterpretada ‘Ley del más fuerte’ o del ‘Más apto’. Y los avances en ingeniería genética han servido para el mejoramiento de la alimentación mundial a través de la producción de los denominados productos transgénicos, pero también para el aberrante proyecto de clonación humana. Si el ser humano no está preparado ética, científica y espiritualmente para recibir una Verdad, ésta a la larga lo va a destruir.”

Presentación en la televisión Peruana: El Dr. Anthony Choy viajó con un equipo de periodistas del programa de televisión “Reportajes” del Canal de Televisión Panamericana Televisión, Canal 5 (el más importante del Perú, y dicho programa, uno de los de mayor rating), que tuvo como producto la emisión especial de un reportaje de dieciséis minutos transmitido a nivel nacional el domingo 2 de febrero del 2003. Una encuesta posterior hecha por la misma televisora le dio un rating de 25 puntos a dicho programa; otra encuesta hecha al público a través del sitio web de dicha televisora dio como resultado que un 0.4% del público pensaba que los videos no eran suficiente evidencia, contra un 54% que dijo que la posibilidad de vida en otros mundos estaba más que comprobada. Dicho reportaje fue repetido el domingo 2 de marzo en el mismo programa.

Entrevistas en radio, programas del Perú y en radio nacional de Perú: El día 25 de febrero del 2003, el Dr. Choy concedió una entrevista en vivo a la Cadena Radial Nacional más importante del Perú, Radio Programas del Perú –que es escuchada a lo largo y ancho del territorio nacional–, en su noticiero vespertino “Ampliación de las 5”. Así como el día 10 de marzo a la principal Radioemisora Estatal, Radio Nacional del Perú, sobre el “Incidente Chulucanas”, siendo entrevistado en el primer caso por los conocidos periodistas Mariela Balbi y Álvaro Ugaz.


Los más importantes medios de comunicación del Perú se ocupan del “Incidente Chulucanas”: El día jueves 27 de febrero de 2003, en el Noticiero “América Noticias” de América Televisión, Canal 4 del Perú, transmitieron un reportaje sobre este extraordinario caso y al día siguiente, 28 de febrero, en el Noticiero “Buenos Días Perú” –el de mayor rating en ese entonces a nivel nacional– los reconocidos periodistas Federico Salazar y Mávila Huertas entrevistaron en vivo tanto al Dr. Anthony Choy como al Coronel FAP José Raffo Moloche, director en ese entonces de la Dirección de Intereses Aeroespaciales (DINAE) de la Fuerza Aérea Peruana; mientras que el Diario “El Comercio” –el más importante del Perú– publicó una crónica sobre el tema el 1° de marzo de 2003. También salieron notas en los periódicos “La República” y “Perú 21”.

La cadena norteamericana Telemundo Internacional emitió un reportaje sobre el “Incidente Chulucanas”: Un equipo de periodistas del Noticiero Internacional de la Cadena Norteamericana Telemundo internacional visitaron el 2 de febrero de 2003 conjuntamente con el Dr. Anthony Choy la zona de Chulucanas y el Cerro Pilán logrando grabar decenas de testimonios de testigos, visitando la zona de Platillos y diversos caseríos como los de Piura La Vieja. Dicho reportaje se transmitió el día 28 de febrero en el programa “Al Rojo Vivo” a más de treinta países, incluyendo Estados Unidos, repitiéndose el 3 de marzo de 2003 en el Perú. En dicha transmisión se incluyeron imágenes inéditas de las naves grabadas en video así como de los aterrizajes. El reportaje se retomó posteriormente por diferentes programas periodísticos de la cadena en más de treinta países a nivel internacional.

Televisa de México, la cadena de televisión más importante del país azteca, realizó un reportaje al “Incidente Chulucanas” que fue transmitido el día 6 de marzo de 2003 en el noticiero magazine “Contrastes”. La agencia de noticias norteamericana "Reuters televisión" realizó también una entrevista al Dr. Anthony Choy y un reportaje al respecto por el mismo tema que fue transmitido a nivel mundial, sobre todo en Europa y Asia. Las noticias además fueron recogidas por las agencias internacionales AFP y EFE.

A mediados del 2004, Rodolfo Cárdenas, productor general del Canal Univisión de Denver, Colorado, Estados Unidos de Norteamérica, se comunicó conmigo a Lima. “Dr. Choy, estamos haciendo un especial sobre el Fenómeno OVNI y nos hemos enterado acerca de sus investigaciones”, afirmó dicho ejecutivo de televisión. Aunque estadounidense de fundación, la Cadena Univisión es junto con su competencia, Telemundo, la más importante organización televisiva de habla hispana en el país del norte. De hecho sus transmisiones, que se ven de costa a costa, están cobrando creciente importancia debido a la cada vez más gravitante presencia de la comunidad latinoamericana, tanto demográfica como políticamente, en Norteamérica. Habría que recordar que la comunidad latina ya desplazó a la afro-americana como primera minoría, que la inmigración crece imparable de manera geométrica y que las últimas elecciones presidenciales se decidieron en La Florida, estado mayoritariamente hispanoparlante. “Sí, como no”, respondí curioso, “¿qué es lo que quieren saber?”

“Deseamos conocer sus investigaciones sobre el fenómeno OVNI en el Perú, para lo cual nos hemos puesto en contacto con una corresponsal de nosotros en Lima, para que coordine con Ud. la nota”. Así empezaba esta historia que me llevaría hacia un inolvidable encuentro con lo desconocido.

“No voy a arriesgar mi reputación”

Al poco tiempo Cárdenas me llama: “Hay problemas. La Corresponsal en el Perú acaba de llamarnos diciendo que no puede hacerse cargo de esta comisión, pues ella está especializada en asuntos más importantes sobre la realidad peruana y, bueno, ella dice que no puede caer en el ridículo al asumir temas tan poco serios que podrían incluso poner en riesgo su reputación en el medio periodístico”. A pesar de este revés, Univisión seguía interesada. Así, me comunicaron que habían decidido enviar un equipo periodístico desde Denver para hacerse cargo del tema.

En un primer momento, me dijeron que sólo vendrían a Lima a entrevistarme. Les dije que todo estaba muy bien, pero que pensaba que mucho más importante sería que viajaran conmigo a Chulucanas, y más en concreto, a las inmediaciones del Cerro Pilán, al que de acuerdo a mis investigaciones había llegado a llamar “el epicentro de todos los misterios”, pues ese es el lugar, que desde el 2001, se había convertido en uno de los sitios de mayor cantidad de avistamientos OVNI a nivel mundial. Secamente, me dijeron que ellos no tendrían ningún problema en viajar allá, pero que tenía que asegurarles dos cosas. “Si”, les dije, “¿cuales?”. “La primera, que vamos a enviar, junto con los periodistas, un equipo completo con sofisticadas cámaras de televisión especialmente acondicionadas para grabar objetos a distancia y con poca o ninguna luz, avaluado en $ 60.000”. Cárdenas agregó, con esa voz firme de noticiero matutino: “¿nos asegura, Dr. Choy, que nada le va a pasar al equipo?”. Entonces pensé, Chulucanas es una ciudad pequeña, ubicada a más de 1.800 Kms. al norte de Lima, en el departamento de Piura, que en realidad es bastante tranquila, como la mayoría de las ciudades norteñas, pero nosotros estaríamos internados en aislados caseríos en donde pernoctaríamos varias noches. Y uno nunca sabe, si en cualquier suburbio de Lima la gente roba y hasta mata por diez soles. Pensé que quizás lo único que podría garantizar nuestra seguridad era mantener un estricto anonimato. Así estaríamos más o menos inmunizados de ladrones, policías corruptos y oportunistas autoridades. “Si”, les respondí, “viajen, no hay problema”.

“¿Cual es su segundo requisito?”, les dije. “Bueno”, me respondió don Rodolfo Cárdenas con su entrenada bonhomía, “que la periodista que vamos a enviar es mujer… y está embarazada”. Ahí sí me preocupé. Chulucanas es una ciudad pequeña, tiene hasta hospital propio, pero nosotros no iríamos allí, sino a olvidados villorios, a más de 40 minutos de distancia, a los cuales sólo se accede a través de destartalados mototaxis que transitan polvorientos caminos, con poblaciones que no tienen electricidad y beben agua de pozos. Dicho sea de paso, gentes que vienen sufriendo una terrible sequía de más de 4 años y donde la pobreza es tan endémica como la amabilidad y dulzura de sus habitantes. Si en medio de la profunda oscuridad de las chacras a la periodista se le ocurría adelantar su parto… bueno, ahí si, solo habría que esperar a que venga E.T. el extraterrestre con su bicicleta voladora para sacarnos del lugar.

“No hay problema”, le dije sorprendiéndome a mi mismo. “Nada va a pasar. Los espero en el Perú”.

Así, en el más absoluto perfil bajo, llegaron el 4 de agosto del 2004 la reportera española de origen canario María Rozman, acompañada del Jefe de Camarógrafos de Univisión Colorado, el mexicano Jesús Medellín. La Rozman era una joven periodista muy talentosa que al poco tiempo de ingresar a la Cadena le habían dado comisiones muy importantes a las cuales había respondido con solvencia. “!Felicidades por la pancita¡”, le dije al recibirla. “¿Ud. cree que veremos OVNIs?”, me preguntó a quemarropa. “Bueno, no es como ir al cine, vamos a la función de las siete y ¡zas! empieza la película. Pero estoy seguro que vuestro largo viaje no será en vano”.

Al día siguiente, muy temprano, decidí llamar a mis amigos de la zona para que me informaran si habían visto algo raro en los últimos días. “¡La verdad es que a los benditos hace tieeeempo que no se les ve!”, me dijeron, o, mejor dicho, me cantaron con su típico dejo norteño. Preocupado, me dije, “ya que llegamos hasta aquí, sigamos adelante”.

En los días siguientes los periodistas me expresaban sus temores; me pedían información de la zona, de sus carencias, de sus peligros. Yo seguía recordando a la corresponsal limeña y su “yo no trato temas tan poco serios”. La misma actitud general de la intelectualidad y de la comunidad científica peruana. Ese aire de arrogancia, tan poco intelectual, tan escasamente científico.

Los animé. No sé porque desde el principio sentía que no solamente íbamos a viajar, sino que deberíamos viajar.

María me contó algo que me sorprendió. “Hemos recibido información que hay un equipo ruso que ha llegado también a la zona con la misma intención de nosotros. Y que en estos momentos ya están en las inmediaciones del Pilán”. Ignoraba completamente dicha información. Pero no me sorprendía. Desde que había revelado a los medios de comunicación peruanos lo que sucedía casi cotidianamente en Chulucanas, los pobladores me comentaban que con alguna frecuencia ellos veían a extrañas personas de aspecto extranjero caminar por las inmediaciones del cerro Pilán e incluso pernoctaban en su cima con intenciones desconocidas.

Chulucanas

Arribando al misterio

El 6 de agosto llegamos a uno de los caseríos más cercanos al misterioso promontorio, en medio de una profunda y poco auspiciosa noche sin estrellas. Era el poblado de Piura La Vieja y eran las 8.30 de la noche. Una rica sopa hecha a fogón de leña nos recibió, siendo la Sra. Chepa, una incansable mujer que de alguna manera es el motor de ese soñoliento pueblo, nuestra entrañable anfitriona. Nos instaló en su casa y nos llevó a los desvencijados dormitorios. A la española le llamó la atención los velos suspendidos encima de las camas. “¿Y esto para qué es?” “Ah”, le dijo la Chepa “son mosquiteros, para que pueda dormir tranquila”. Más adelante, en tono de confesión, me dijo, “bueno Anthony, para ti nomás, la verdad es que esos velos no son para ningún mosquito. Es para que los murciélagos no la masquen. Pero no le digas nada. La pobre se va asustar”.

Estábamos en lo mejor de la sobremesa, conversando quedamente sobre los misterios y desventuras de la zona, sumergidos en la luz mortecina de las lámparas a querosene, cuando escuchamos un grito de afuera, de la plaza frente a la casa. “¡¡¡Dr. Choy, allí están, allí están!!!”.

Hemos salido lo más rápido que hemos podido, jalando a duras penas nuestros equipos, cuando todos vimos una pequeña luz amarillenta que iba de norte a sur, lentamente en dirección al cerro Pilán. Todos tratábamos de ver, porque aunque lejana, se le podía distinguir. La cámara de ellos no la captaba. La luz se puso encima de dicha colina y en instantes desapareció. Los relojes marcaban las 9 en punto de la noche.

Empezamos a discutir tratando de definir que es lo que habíamos visto. Podía ser cualquier cosa. Un avión, un helicóptero, un cometa, una estrella fugaz. Todas las explicaciones se le aplicaban. Hasta la ausencia total de silencio. Si era un avión, la distancia sería tan grande que el rumor de los motores no llegarían hasta nosotros. Solo que había algo extraño. La extraña persistencia, ya de acuerdo a anteriores relatos, en siempre parar encima del Cerro Pilán e intempestivamente... desaparecer.

Los periodistas, luego de grabar algunos testimonios de los pobladores y hacer tomas de apoyo, decidieron instalar sus equipos en la misma plaza, frente a la casa. Si había otro avistamiento esta vez no los volvería a pescar desprevenidos. María, muy profesional, abriendo sus enormes ojos castaños, practicaba las entradas a su nota. Jesús Medellín, ajustaba su cámara.

“Ahí están los hijos de su madre”

Eran las diez en punto cuando en el cielo, como a 45 grados sobre el horizonte, aparece de nuevo una luz similar a la anterior, en el mismo sitio y haciendo el mismo recorrido. ¡No la capta mi cámara, no la capta mi cámara!, gritaba desesperado el mexicano. Todos los que estábamos allí, unas veinte personas, gritábamos azorados tratando de ubicar la lejana luz, que en esa noche cerrada a ratos parecía desaparecer. Sea lo que sea, estaba debajo del techo de nubes. Y nuevamente al llegar encima del Pilán... ¡zas!, desapareció. Es así que el mismo fenómeno, el mismo recorrido, el mismo punto de desaparición se suscitó dos veces más, a las 10.15 p.m. y a las 10.30 p.m.

La cámara no grababa nada. Y eso no podíamos entenderlo. Si nuestros ojos podían divisarlo, la potente cámara, con mayor razón, debería captarlo. El camarógrafo estaba desalentado. Tan lejos viajar...

Nuevamente nos enfrascamos en otra discusión. Yo aventuré, no muy convencido, que podría ser una avioneta o algo por el estilo que, al llegar a un punto (la cima del Pilán) daba la vuelta y empezaba a volar en círculos. Por eso que aparentemente parecería que habíamos visto tres objetos, cuando en realidad era el mismo avión que estaba regresando. Lo que pasaba es que desde nuestra posición aparentaba que aparecía y desaparecía. Esa explicación no convenció a nadie. La verdad, que a mí tampoco. Pero es que si no era eso, ya no quería ni pensar lo que los periodistas estarían empezando a creer.

La noche empezó a hacerse larga y muy fría. Yo estaba preocupado por María, por su estado. Pero ella, de buen talante, me decía que sigamos esperando. Un gélido vientecillo diluyó sus palabras en la oscuridad. Poco a poco la conversación se fue apagando en la misma medida que el cielo empezaba a despejarse. Entonces, lentamente, descorriendo una fantasmal y deshilachada cortina, una preciosa Luna llena hacia una inesperada aparición. Ateridos de frío, callados, en el ambiente flotaba una melancólica frustración. María dijo: “Yo ví algo, no sé que fue, algo muy raro”. Medellín agregó: “voy a hacer algunas tomas de apoyo”. Era su manera de decir, adelante, guardemos el equipo y vayámonos a dormir.

El camarógrafo había decidido grabar a la Luna llena en aquella noche piurana y llena de algarrobos. Cuando en eso ve algo raro. “Anthony” me llama, “dime que es eso que está allí”. “¿Dónde?” “¡Allí, debajo de la Luna!”, me habla con una voz que empezaba a ponerse ansiosa.

Entonces vimos una especie de lucero muy potente. Lo primero que pensé fue en Venus o en Marte; digamos. Si eso era, eso debería ser... hasta que empezó a moverse. “¡Síguelo, síguelo con la cámara!”, le espeté. La luz empezó a subir lentamente en forma diagonal, atravesando la Luna y colocándose ahora encima de ella. “¡Grábala , grábala!”, le dije a Jesús. “¡Desde hace ratos, mano!...”, me respondió excitado.

“¡María, que hora es!”, le dije a la española. “¡La 1.33 de la mañana!”. La 1.33, la 1.33 repetía mentalmente.

Es entonces que empezó el show.

Un imposible electrocardiograma

El silencioso objeto empezó a hacer evoluciones de arriba a abajo, de izquierda a derecha, como si fuera un imposible electrocardiograma en el infinito papel de una lechosa noche. Luego paraba. Lentamente volvía a bajar. Después a subir. Hacia movimientos aberrantes, sin ton ni son. Alguien dijo que es como si tratara de escribir algo con sus imprevistos vaivenes. Mi improvisada hipótesis del avioncito dando círculos se fue, la verdad, al carajo. ¿Qué diantre era eso?

María empezaba a grabar. “Es 6 de agosto del 2004, estamos en un perdido caserío al norte del Perú, frontera con el Ecuador”... “Ante nosotros un extraño objeto de origen desconocido; en estos momentos, no sabemos qué es”... “No lo puedo creer, ya van más de cuarenta minutos y el objeto sigue bailando delante de nosotros”...

Jesús trataba de no perderlo, porque el objeto hacia saltos bruscos que lo sacaban fuera de cuadro. Es en ese momento que, en otra zona del cielo donde no estaba enfocando la cámara, apareció por breves segundos un objeto alargado, como si fuera un fluorescente blanco, que velozmente desapareció. “¡Lo viste María, lo vieron chicos!”, gritaba eufórico. Todos respondían afirmativamente.

Nuestro desconcierto era un río caudaloso.

Mas había algo que yo no entendía. La cosa era así: cuando la noche estaba llena de nubes, totalmente cerrada, nosotros divisamos un objeto en los primeros avistamientos de esa noche a simple vista que la cámara, con toda su potencia, no captaba. ¿Por qué nosotros sí y la cámara no?. Por otro lado, si nosotros lo veíamos es porque no estaba muy lejos. De ser así, entonces me repetía ¿¡por qué la cámara no lo grababa!?

Pero eso no era todo. Cuando apareció este último objeto, esta vez la manifestación no la veíamos, pero, al revés, la cámara sí, plenamente lo capturaba. ¿O era que esta vez la luz estaba más lejos? Pero precisamente la constatación de este hecho le daba más misterio a lo anterior. Cuando el objeto estaba cerca, la cámara no lo captaba. ¿Y cuando estaba lejos sí?

A menos que en todo este asunto para nada tenía que ver el factor distancia. Siempre estaba cerca, al alcance de nuestros ojos. Pero, de alguna manera, en determinados momentos se hacia invisible a la sofisticada cámara. En otras, a nuestras miradas.

Pero aquí no paraba lo inexplicable. Cuando la noche estaba totalmente oscura, en teoría, debería ser propicia para grabar el fenómeno. Y más bien solo se grabó cuando el cielo estaba más claro, más “lechoso”, más difícil de grabar, en una noche de Luna llena.

Otra cosa. Cuando el camarógrafo quería grabarlo, cuando lo “buscaba” (en la zona en que todos estábamos mirando) la cámara no lo grababa, el fenómeno era elusivo. Pero cuando –horas después– Jesús desistió en grabar, cuando creía que ya nada iba a aparecer, cuando estaba captando –desalentado– la espléndida Luna, este fenómeno, pudiendo aparecer en cualquier parte de la inmensa bóveda celeste, justamente se presentó en ese pequeño sector del cielo adonde apuntaba su cámara. No en otro sitio. Precisamente allí. Es por eso que Jesús pudo darse cuenta que estaba.

Yo pensaba cuantas veces esos objetos podrían estar allí y no verlos. Los vimos porque contábamos con equipos especiales. Así, no es que el fenómeno no exista. Si no es que, la mayor parte de las veces, no tenemos la tecnología suficiente. Pero incluso, en muchas ocasiones, la mayoría, tampoco dependía de la tecnología. Lo que estaba sucediendo esa noche apuntaba a que a veces existía una “voluntad” de hacerse visibles. En otras no. Había una decisión que actuaba con criterios desconocidos para nosotros. Pero estas digresiones me llevaban, ineluctablemente, a algo muy difícil de aceptar. Eso, que teníamos ya por largos 55 minutos, era inteligente.

Mis pensamientos se ven interrumpidos por las exclamaciones del mexicano que señala que, de repente, la cámara empezaba a marcar “batería baja” a pesar que momentos antes estaba a la mitad de su capacidad. Inexplicablemente, se estaba agotando.

El objeto, que estaba como un saltapericos, empieza a irse en forma diagonal. En el instante en que el objeto sale del cuadro de la cámara, al perderse en el infinito, la cámara se apaga totalmente. La batería estaba muerta. Y entonces nos damos cuenta de algo muy extraño. El evento se había grabado en 3 cintas de 33 minutos, a pesar de tener puras cintas de 60 minutos. Nuevamente el número 33.

Yo miraba la cara de asombro de ellos. No podían explicarse la inusual muerte de las baterías. Pero los notaba inmensamente satisfechos.

Minutos después, los encontré callados, pensativos. Los periodistas, que sabían poco o nada del fenómeno OVNI, que solo vinieron a cumplir profesionalmente una tarea a un lejano país, esa noche al terminar el evento se sentían muy extraños. Les pregunté que les pasaba. “Siento que esta noche ha sucedido algo muy inusual en mi vida, que no me lo esperaba, y que estoy segura que no lo olvidaré”, dijo la española. “¿Y tú, Jesús?”, le pregunté. “Es como si durante toda mi vida hubiera estado buscando respuestas a muchas preguntas, y esta noche siento, no sé porqué, que las he empezado a responder”.

Cuando miraba la extraña luz, haciendo insólitas circunvoluciones en el cielo, sentía que la escena la había visto antes. ¿La había vivido antes? ¿La había leído? ¿Un dejà vou?

Miré el objeto, miré a la gente, miré el arenal y entonces, estremecido, me empiezo a dar cuenta de algo. Le pregunto a la española. “¿Tu eres María, verdad?”. “Por cierto… ¡y de Canarias!”. “¿Y tu eres Jesús verdad?”. “¡Jesús Medellín, un servidor, y de Zacatecas!”. “Ah caramba”, les dije. “Aquí están Jesús y María, pero falta José para formar la Sagrada Familia. Y yo, por cierto que no soy Pepe por ningún lado”. “No, no, no, pos Anthony”, me dice el camarógrafo. “!Yo soy José Jesús Medellín!”.

Entonces súbitamente recordé dónde había visto todo esto. Allí, en esa noche bizarra, ahora tan lejana, estaban José, Jesús y María, viendo el lucero de Belén... en medio de la noche y del desierto.

Y para mayor abundamiento, María... estaba embarazada.

Me quedé en silencio, como la noche que crecientemente nos rodeaba. Los que estábamos allí; de Perú, de México y de Islas Canarias, los lugares donde estadísticamente más avistamientos de OVNIs se han dado en los últimos tiempos, alzamos los ojos al infinito y nos quedamos un rato largo... vigilando los cielos...

Anthony Choy
Navidad del 2005

Fuente: MysteryPlanet

. . .

 

soloseneluniverso@hotmail.com

Para dejar un mensaje instantáneo en el libro de visitas presionar Aquí  

 

 

 

 

 

 

 

 :: HOME ::

:: CASOS HITORICOS ::

 

 

 

 

 

© Copyright 2001 - M.N. Producciones - All rights reserved Prohibida su reproducción total o parcial