El caso Bariloche  
   
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  Caso Aeropuerto de Bariloche : Río Negro - Argentina 31 de julio de 1995

Confusión en la Torre de Control

Poco antes de producirse la caída del equipo electrógeno y el escape del ARG-674, el Suboficial Ayudante Alfredo R. Blanco había solicitado por línea interna la presencia de otra persona en la torre para que certifique lo que estaba sucediendo. Quién respondió al llamado fue el Cabo Principal Julio Cesar Cantero que se desempeña en Plan de Vuelo. Sin embargo, Cantero no se apersonó en la torre hasta después de ocurrido el apagón.
Antes de su llegada, Blanco, notó algo en el instrumental meteorológico que le llamó poderosamente la atención. Pero veamos primero - en las propias palabras del torrero- que recuerda de toda su experiencia (1):
"Lo que pasó fue así: entró la aerolínea con nosotros a aproximadamente 60 millas de acá viniendo del Noreste. Se le da todos los datos al vuelo y se le da turno de aproximación...
La nubosidad estaba así, quebrada lo llamamos nosotros, no estaba todo el cielo cubierto
(recordemos que había dos octavas partes de cielo con nubes).
La aerolínea llega hasta la vertical y comienza el procedimiento de aproximación. Unos dos minutos después de haber abandonado la radioayuda (se refiere al VOR) nos preguntó si teníamos algún tránsito viniendo en sentido contrario. Los únicos datos que le dimos era que venía otro avión pero que estaba muy lejos, que se aproximaba desde el N/NE. pero que todavía no había entrado en contacto con nosotros.
Desde la aerolínea nos comentan que tienen una luz muy intensa que para ellos era un tránsito.
Ok, recibido le contesté. Entonces me paré aquí, agarré los binoculares, y miré hacia donde hacía el procedimiento normal pero no vi nada. A los dos o tres minutos, ya en viraje de aproximación me llama el avión de Gendarmería Nacional...Le doy todos los datos, él me da todos los datos ...
...La aerolínea me llama en viraje de procedimiento que la luz se hacía muy intensa y que venía hacia ellos. Le comunico que no tengo tránsito excepto el que yo le indiqué; no tengo la luz a la vista que ustedes me están señalando...
...En un momento el técnico de turno de la usina me avisa por medio del HT, el equipo a baterías, que mantenga los equipos al mínimo y que no prenda, todavía, las luces de la pista ni de las plataformas porque los equipos no dan más...
...En eso desde el boeing me dicen que tenían un tránsito a la derecha, en formación, y comienzan a describírmelo...
...Otra vez me vuelven a llamar desde la usina y me dicen: mira Alfredo, no prendas las luces todavía que el equipo está a full, está aguantando no sé como...En ese momento agarro el HT y lo llamo al que estaba de Jefe de turno
(se refiere al Suboficial Principal García) y le comento que había una aerolínea que tenía un tránsito así, así y asá pero lo único que tengo es ...cuando me interrumpe y me dice: ¡No! ¡No! . ¡Yo los estoy escuchando y lo estoy viendo a ese tránsito!. Entonces yo le digo: ¿Vos que estás viendo, la aeronave o el OVNI? -es la primera vez que mencioné ese término -. ¡No!. ¡ Yo estoy viendo el OVNI! .¡Mirá cómo es...!. Ok recibido, le contesto, yo honestamente no veo nada...
...Bueno, se aproxima más la aerolínea y en ese momento le prendo las luces de pista y en eso se produce el apagón total. Por lo cual, le pido al boeing que efectúe escape por corte de energía...la aerolínea reaccionó y pronto dio motor, metió tren adentro, y se vino a la vertical..."

Evidentemente pueden existir algunas diferencias en el testimonio de Blanco con lo expuesto en la segunda parte de este trabajo, y resulta lógico. Lo que no podemos comprender, honestamente, es que el Suboficial Ayudante no observara el transito que la aerolínea reportara, pues, uno de nosotros estuvo en la torre y ha tenido la oportunidad de mirar con los prismáticos utilizados esa noche y, en verdad, la visión es óptima en 360 grados. (Como debe ser desde una torre de control). Y más extraño aún es que desde otras oficinas, localizadas unos metros más abajo, sí se lograba visualizar una luz muy cerca del boeing, destacándose perfectamente por su luminosidad.
Por lo que nos preguntamos: ¿El Suboficial Ayudante Alfredo R. Blanco nos ha contado toda la verdad?. ¿Oculta algo?. Al menos eso nos dio a entender el Suboficial Principal García en un par de ocasiones luego de nuestra entrevista. Otra pauta que apoyaría esta sospecha es que desde los aviones en vuelo recuerdan y aseguran que desde la torre de control confirmaron que veían una luz junto al avión. Y si bien no aparece en la transcripción bien podría ser que este dialogo se desarrolló durante los minutos no grabados.
Para esta última inquietud cabe la posibilidad que las tripulaciones hayan escuchado decir a Blanco que desde el aeropuerto estaban viendo una luz junto al boeing pero no precisamente porque él la estuviera observando sino en referencia a lo que el Suboficial Principal García apreciaba. Por otro lado, ¿Por qué el S. A. Alfredo Blanco ocultaría los hechos del procedimiento cuando él mismo afirma haber presenciado, a continuación del escape, lo siguiente?:
"En el pasaje que hizo (20.48 h.) lo que más me extrañó es que estos equipos: el que nos da el QNH, que vendría a ser la presión al nivel de la estación; el equipo que nos da la intensidad y dirección del viento; el que nos indica la altura de las bases de las nubes; es decir, una serie de equipos que no trabajan a batería se apagaron con la caída del grupo pero, cuando la aerolínea estaba prácticamente arriba de la torre, en ascenso, observo extrañado que los equipos vuelven a prenderse y comienzan a comportarse de manera muy extraña: el equipo que indicaba la dirección del viento giraba constantemente, los que indican -en números- la velocidad y la altura de las nubes subían y bajaban, al igual que el barómetro, ¡ y eso que no funcionan a baterías!; solamente el HT, que es el radio comunicador que utilizo para hablar con los aviones, continua funcionando pero a baterías...Y sigo mirando todos los demás equipos y veo que ningún otro se prendió. Entonces, me acerco a la ventana y veo pasar a la aerolínea, y llamo al GN705 que estaba viniendo en dirección al aeropuerto y le digo al comandante: ¿Usted tiene a la vista ahora, tránsito que acaba de efectuar escape...pero Ud. tiene ahora otra luz aparte de éste?. Y Gaitán me contestó: - A ver espere...afirmativo lo acabo de ver-; pero se limitó a eso nada más. Entonces, agarré nuevamente los binoculares y miré a la aerolínea y recién ahí observo (una luz) como si fuese el haz de una linterna apuntando hacia abajo, siguiendo al avión. Y se lo informo a Polanco...."

Si la intención de Blanco era no involucrarse en los incidentes ¿Para qué negar solo una parte?; lo lógico en ese caso era negar todo. En fin, inquietudes que al día de hoy se mantienen abiertas.

La observación del Cabo Principal Julio Cesar Cantero
Cuando se produjo la caída del equipo electrógeno, Cantero se encontraba trabajando en la oficina de plan de vuelo, ubicada en la planta baja del edificio principal. En plena oscuridad se dirigió a la Torre de Control; hacía unos minutos el torrero había solicitado su presencia. Salió de su oficina y cuando procedía a subir las escaleras se encontró con el S. P. García que bajaba de la jefatura presurosamente. Subió los tres pisos por la escalera tipo caracol y se asomó al interior de la torre.
Una vez en ésta, pudo observar hacia el Oeste, al avión de Aerolíneas Argentinas efectuando el escape (20.51 h.) prácticamente ya sobre el Lago Nahuel Huapí y arriba del avión, en la parte de cola, una luz. Tomó los binoculares y confirmó lo que el Suboficial Ayudante había observado. Una luz ámbar que lo alumbraba como si fuese una linterna.
Su observación, estima, duró un minuto aproximadamente porque en cierto momento esa luz dejó de observarse aunque no percibió como desapareció. La aerolínea, mientras tanto, prosiguió su vuelo, perdiéndose de vista -a causa de la nubosidad existente en ese sector- cuando realizaba el viraje sobre el lago.

Testimonio de la tripulación del GN705
Al producirse el segundo corte de energía en el aeropuerto, a causa de la caída del equipo electrógeno, el GN-705 estaba bloqueando el ILS, mientras que el ARG-674 iniciaba el escape. En el preciso momento del apagón, la tripulación del avión sanitario no visualizaba el aeropuerto porque el ala derecha de su aeronave lo impedía, pero el Comandante Principal miró los instrumentos del tablero y observó que los equipos de navegación que reciben la señal de tierra se habían apagado; en cambio, los equipos de control y el instrumental de vuelo de la aeronave funcionaban bien.
El GN-705, que había recibido instrucciones de la torre de cancelar el procedimiento y notificar en la vertical con 11.000 pies (3.000 m.), volaba con rumbo 284 grados para alcanzar el VOR Bariloche, cosa que hicieron, estimamos, a las 20.51 h.. Previo a ello, el copiloto había advertido que el instrumental electrónico de navegación volvió a funcionar, esto indicaba que el aeropuerto había restablecido la energía convencional, tal cual lo había anunciado antes.
Una vez en la vertical, los gendarmes viraron levemente hacia la derecha y pusieron rumbo 330 (Noroeste) en tanto, hacia el Oeste, vieron al Boeing 727-200 con todas sus luces prendidas que comenzaba a iniciar el viraje sobre el lago para regresar a la vertical del aeropuerto, conforme al procedimiento de escape que está establecido...serían las 20.52 h.
A partir de aquí, y dada la claridad del testimonio del Comandante Principal Rubén Adolfo Cipuzak, pasamos a transcribir textualmente lo que nos expresara durante la entrevista mantenida el 8 de Junio de 1996, en Campo de Mayo..

" Nosotros estábamos a 11.000 pies y el avión de Aerolíneas estaba ascendiendo hacia los 10.000 pies, o sea , 300 m más bajo que nosotros, y se lo veía perfectamente porque parecía un árbolito de Navidad con todas las luces prendidas...y se veía a un costado más a la izquierda las luces de la ciudad y el avión de aerolíneas sobre el lago, que se veía todo negro, oscuro ; no se veían las montañas, todo era negro. Y el avión de aerolíneas con su iluminación lo veíamos perfecto."
"La noche era totalmente oscura y no había nubes, nubes importantes que reduzcan o limiten la visibilidad. Había luna, pero la luna no era tan grande como para que sea una noche clara, yo la veo cuando estábamos haciendo el viraje...para volver al aeropuerto, ahí es donde la veo. La noche era muy fría, totalmente estrellada y oscura".
"Nosotros también habíamos prendido las luces de nuestro avión para que el de aerolíneas nos vea...que estabamos en la vertical del aeropuerto...y yo veo pasar por debajo nuestro - y si nosotros estábamos a 11.000 pies, yo calculo que este objeto pasó a 6.000 pies
(1.800 m) abajo nuestro o tal vez un poquito menos, yo calculo entre 1.000 y 1.500 metros por debajo de nosotros y me animo a decir esa distancia porque uno está relativamente entrenado. Esta luz iba muy por debajo, muy cerca del piso, y nos cruzaba por debajo, de atrás hacia adelante, nos pasa. Era una luz ámbar que aumentaba y disminuía de intensidad, aumentaba y disminuía, a medida que iba pasando. Nosotros íbamos a 160 nudos en ese momento, a reducida velocidad, y este objeto nos pasó como poste parado. Yo pensé cuando veo a esa luz: : ahí va lo que la Aerolínea estaba viendo, y pensé para mi - ¡es un Jet!- por la velocidad con que nos pasó, nos pasó como poste parado vuelvo a repetir, si yo estaba a 160 nudos esto iría por lo menos a 300 nudos. Se veía como una luz ámbar, solamente ámbar, del tamaño de una perlita de aro que usan las mujeres, de ese tamaño."
"... si uno ve cualquier luz en la noche despide como rayitos, cualquier luz, la de un avión, de un auto, una casa, una estrella, tienen rayitos. Esa no, esa era opaca, como que estaba adentro de una opalina ; pero aumentaba y disminuía de intensidad, que a mí me hizo creer que era el beacom de un avión, que se prende y se apaga, se prende y se apaga... la luz pasó hacia el Oeste, con rumbo Oeste, como quien dice hacia donde estaba la aerolínea. Sé que la aerolínea estaba adelante entre 8 y 9 millas porque el viraje de procedimiento establecido dice que él tiene que estar virando entre 8 y 9 millas aproximadamente."
"La luz pasó como que iba al encuentro de la aerolínea, ligeramente a un costado. Todavía la aerolínea no había terminado su viraje, cuando digo: - ahí va lo que la aerolínea estaba viendo- pensando que era un Jet, por su velocidad, cuando en ese momento este objeto que se iba desplazando horizontalmente hizo un ascenso vertical, formando un ángulo de 90 grados; pero esa velocidad vertical fue una cosa más que vertiginosa, yo diría instantánea, esos 1.000 a 1.500 metros que calculo que estaba por debajo nuestro, ascendió instantáneamente al nivel de vuelo donde se detuvo, se estacionó, paró de golpe ; pero a esa velocidad que fue una cosa explosiva, instantánea...Se detuvo como esperándolo al avión de línea, se detuvo casi en la trayectoria final del avión de línea, en su viraje, a unos 10.000 pies."
"Entonces en ese momento tomo el micrófono y le digo a torre, más o menos lo siguiente: Bariloche, GN705, vemos una luz que pasó velozmente debajo nuestro, ascendió en la vertical y está estacionado - así lo dije porque no sabía como decirle - está estacionado al frente o ligeramente a un costado del avión de línea. Más que nada estaba interesado en que el avión de línea viera esa luz porque estaba casi en la trayectoria de él. Entonces el piloto - el Comandante Polanco - contestó rápido, antes de que lo hiciera la torre : -¡ Sí, lo tengo a la vista, está a mi izquierda !...".
"Nosotros seguíamos avanzando hacia el Oeste. El avión de línea se venía para la vertical del aeropuerto, hacia el Este, pasó por debajo, en sentido convergente, nosotros hacia el Oeste y la aerolínea y esta luz que lo acompañaba hacia el Este, hacia la vertical del aeropuerto...En ese momento, nuestro mecánico, cuando ve pasar por debajo esa luz, se va para atrás, hacia a la ventanilla que está detrás mío - yo estaba en el puesto de copiloto - para ver si podía observar algo, cuando la luz nos pasaba por debajo. (La ventanilla en cuestión estás a la derecha de la cabina) Justo cuando nos cruzamos con la luz, el Comandante Gaitán hace una maniobra de inclinar nuestro avión hacia la derecha, como para que, tanto él como yo, pudiéramos ver cuando pasaba la luz pero Gaitán y yo no vemos nada, el avión nos molestó y nos tapó ; pero esa maniobra - de inclinar el avión - que él hizo fue suficiente para que el mecánico sí pudiera ver. Pudo ver que cruzó por debajo y nos dice él textualmente : - "una luz del tamaño aparente de la uña de un dedo pulgar, por ejemplo, color ámbar; y a la par, a un centímetro más o menos de distancia, tenía una luz verde muy pequeña". El mecánico nos dice: "era un objeto con dos luces o eran dos objetos los que nos cruzaban".
No se lo que serían, siempre vimos esa luz, que una vez que nos cruzó, el mecánico ve como esa luz tomó un ángulo de 45 grados en ascenso y se pierde a una velocidad espectacular, nos pasa en altura, y se perdió detrás de nosotros ascendiendo... El avión de línea iba hacia el Este, hacia el aeropuerto y este objeto cuando nos cruzó a nosotros y como por detrás del avión de Aerolíneas, ascendió con rumbo S. Eso fue lo que vio el mecánico y eso fue lo que nosotros vimos : una luz ; no vimos forma ni nada...que hacía movimientos extraños, como pasarnos velozmente. Hasta ahí era conocido, como si fuera un avión, pero lo que llamo extraño es el ascenso, un ascenso muy brusco, una cosa tan veloz, explosivo prácticamente ; esa detención así -¡y el cambio de rumbo en sentido contrario! - volvió para atrás acompañando a la aerolínea"
(2)
"La luz cuando ascendió en 90 grados, se detuvo unos 3 segundos, hasta que se le juntó el avión de Aerolíneas - y ahí ya empiezan acercarse a nosotros en sentido convergente ; el avión de Aerolíneas - vuelvo a repetir - hacia el aeropuerto y él (en referencia al OVNI) que lo acompañaba, y nos cruzamos. Todo esto duró, desde que nos pasó por debajo, ascendiendo en ángulo recto, se queda estacionado y vuelve en sentido convergente y nos cruzó por debajo, todo nuestro tiempo de visualización, yo calculo entre 10 y 15 segundos. Eso es lo que vimos. ¿Qué era? no se... ojalá me explique alguien alguna vez que fue lo que vimos....

" Ese punto luminoso se veía muy bien, por la oscuridad que había hacia el lago, hacia las montañas, todo muy oscuro, a pesar de la luna ...y había una capita de nubes muy ligera, pero tal vez se confunda lo que digo, cuando hablo de capita de nubes, no era una capa de estratos denso, sino era una cosa tan finita que en un determinado momento se la veía sobre el lago porque las luces de la ciudad le daban una tonalidad muy clara ; incluso cuando el avión de aerolíneas estaba girando, sus faros iluminaban esa ligera capita de nube...Esa luz, en su ascenso vertical que yo mencioné, se detiene casi en esa capita de nubes, sobresalía, se veía perfectamente en esa suave nubecita; era un punto muy luminoso que estaba ahí; no era una cosa difusa la luz que estabamos viendo sino era el punto que vimos y que nos pasó, era el punto que vimos estacionado ahí...cuando ellos (Aerolínea y OVNI) se acercan hacia nosotros...salen de esa ligera capita de nubes, como si fuera una gasa, algo muy suave, como un velo. Ellos salen y pasan por debajo de nuestro avión, así que se lo ve con claridad...".
El relato del Comandante Principal Cipuzak, se ve plenamente corroborado -salvo por pequeñas diferencias- por su piloto, el Comandante Juan Domingo Gaitán, que lamentablemente falleciera al poco tiempo en un accidente de aviación.
En un programa televisivo a pocos días del incidente, Gaitán declaraba:
"....mientras Polanco está realizando, ya alcanzado los 10.000 pies, está realizando un giro en aproximadamente sobre la Isla Huemul en esa posición, a 8 millas del aeropuerto de Bariloche, nosotros ya alcanzamos la vertical del aeropuerto con 3300 metros de altitud (11.000 pies), es decir, no sobre el piso sino sobre el mar. Está medido de esa manera. En ese momento el copiloto, que era el Comandante Principal Cipuzak, empieza a observar una luz que nos sobrepasa por debajo y a la derecha, y cuando él me avisa yo también me inclino para verla. Era una luz ámbar. Un amarillo detrás de una tulipa, algo así; que aumentaba y disminuía de intensidad pero se desplazaba horizontalmente a una altísima velocidad".
"Nosotros íbamos a...entre 150 y 160 nudos en esa maniobra; es decir alrededor de 260-270 km./h y nos pasó, yo estimo, al doble o un poquito más de nuestra velocidad...Y sigue a altísima velocidad sobre el lago pero es una fracción mínima de tiempo y sin siquiera desacelerar o apreciarse una parábola asciende así
(señala con sus manos) en 90 grados. Bueno, hasta ahí uno podría decir: -es una aeronave, un caza, o algo por el estilo que puso poscombustión pero no se veía nada, todavía sería cuestionable, a lo mejor, definirlo con un objeto de esa naturaleza (suponemos que se refiere a definirlo como OVNI) pero lo que realmente nos llamó la atención es que cuando alcanza la altitud de la aerolínea, es decir la trayectoria de la aerolínea, había un pequeño reflejo de la ciudad, realmente como anaranjado y se veía bien el agujero negro que era el lago...A esa velocidad que calculamos que si ascendió desde los 600 o 500 metros que estaba sobre la superficie hasta alcanzar el nivel de aerolínea, que estaba a 3.000 metros, en 1 segundo o algo menos que 1 segundo. Estamos hablando de Mach 3, tres veces la velocidad del sonido..."
"...A alta velocidad asciende en 90 grados pero instantáneamente se detiene en la gasita de nube, que eso no lo puede hacer nadie que yo conozca... quedó y nosotros le decimos a la torre...".
(3)
El relato fue interrumpido por la anfitriona del programa y no volvieron sobre el asunto. No obstante, tenemos constancia que en lo referente al alejamiento del objeto, Gaitán coincide también con el testimonio de Cipuzak.

¿Hubo dos OVNIs?
La primera referencia a dos objetos junto al ARG-674 la brindó, en 1995, el Comandante Principal Rubén Cipuzak, en una entrevista realizada a la salida de un canal de televisión. En ese momento estaba presente uno de quién esto escribe e, incluso, otros colegas investigadores. Era un detalle que, como él confesó, no acostumbraba a mencionar en todas las entrevistas que le realizaban. ¿Por qué?. Probablemente por los mismos motivos que lo llevaron a dar una respuesta negativa a la Torre cuando desde ésta le consultan si desde su posición podía ver algo junto al boeing de Aerolíneas Argentinas: lo fugaz de su observación, de escasos dos segundos (Ver segunda parte de este trabajo).
También nosotros, en ese entonces, lo dejamos en la duda y prácticamente lo habíamos excluido de nuestras mentes. Tal es así que, al año siguiente, en nuestra entrevista en Campo de Mayo tanto él como nosotros olvidamos comentarlo.
Pero este detalle resurgió a posteriori de nuestra investigación en el Aeropuerto de San Carlos de Bariloche.
Reconstruyendo la secuencia de los hechos -que precisamente en este mismo capítulo presentamos- nos llamó poderosamente la atención que la observación de los gendarmes se iniciara inmediatamente después de la visión del personal en la torre de control. Fue instantáneo. Los testigos de torre dejan de observar la luz detrás del ARG-674 (en el Oeste) y Gaitán y Cipuzak ven que una luz los sobrepasa en sentido Este-Oeste. ¿Podía, la misma luz, trasladarse instantáneamente de un lugar a otro? ¿O acaso eran dos las luces?.
En el testimonio del observador meteorológico Nicolás Enoe Araya es, quizás, donde se encuentre la respuesta a esta inquietud. Pero su experiencia no sucedió en esta instancia. Para ubicarnos mejor debemos retroceder al momento que el ARG-674 se encontraba en la etapa final, con el OVNI en formación. Es decir, a las 20.45 h. aproximadamente.
Según Araya, cuando regresaba del campo meteorológico pisando con mucho cuidado porque la plataforma de aeronaves menores estaba con una capa importante de hielo y nieve producto de la limpieza de la pista de aterrizaje observó en el hielo un reflejo. Intrigado levantó la vista y fue "enceguecido por una fuerte luz amarilla", lo primero que pensó fue que desde la torre de control le estaban gastando una broma con uno de los reflectores allí existentes, "comprobando que no era así, observando que dicha luz se desplazaba a gran altura en dirección Oeste-Este por detrás de la torre". En ese momento (y esto no lo indica en su informe, pero sí en la entrevista personal que mantenemos grabada) observó en dicha dirección al ARG674 en final y, más atrás, otra luz que en ese momento no sabía que tráfico era (se refiere al GN 705). Pero dado que estaba demasiado apurado prosiguió su camino sin prestar atención el destino de esa luz. Cuando ingresó a su oficina, y se disponía a realizar el parte se produjo la caída del equipo electrógeno.
El Suboficial Principal Daniel García, que se encontraba en la Jefatura, bajó rápidamente las escaleras y entró a la oficina de meteorología para comunicarse, por intermedio del equipo de radio a baterías, con la torre de control por la luz observada anteriormente.
Fue recién en ese instante que Araya sospechó que la luz que había observado desde la plataforma, no pertenecía a un "tránsito" común y corriente.
En ese mismo momento se habría percatado que el barómetro de su oficina (que es una repetidora del equipo de Torre de Control), daba números sin sentido, subiendo y bajando de manera inusual. (4)
Muchas son las preguntas que surgen de la experiencia de Araya. (ver recuadro) ¿Fue literalmente iluminado por un haz de luz? Pues para ser "enceguecido" como él dice, la intensidad de esa luz debió ser importante, amén de haber iluminado el lugar. ¿Y por qué desde la torre no se percataron de esto?. ¿Qué pasó con la luz?. ¿Cuál fue el destino final, si lo tuvo?.
Para ésta última cuestión, planteamos una hipótesis: que la luz podría haber tenido como objetivo el ARG-674, y nos explicamos:
En una maniobra no percibida por los ocasionales testigos, que tenían la atención puesta en el OVNI que acompañaba al 727, la luz "de Araya" se ubicó detrás del avión, en la parte de cola. ¿Y en qué basamos nuestra suposición?. En lo que hacíamos mención antes:
-1° En la observación del GN-705 de dos luces junto a la aerolínea, segundos antes del escape.
-2° En la posible secuencia de los hechos que siguieron a la caída del grupo electrógeno. A saber:
a)El ARG-674 efectúa el escape.
b)Asciende mientras avanza hacia el aeropuerto. El OVNI -de luces verdes en los extremos y ámbar en el centro- se mantiene junto al avión hasta que este último vira hacia la izquierda buscando la ciudad de Bariloche y el objeto, rompiendo la formación, se aleja hacia la derecha. (Observación de Ezquerra).
c)La luz "de Araya", en cambio, continuaría detrás, en la parte de cola del avión hasta el viraje sobre el lago, cuando se pierde de vista. (Observación del personal de torre).
d)Y nuevamente el primer objeto, el mismo que había formado a la aerolínea, es el que pasaría por debajo del GN-705.

Somos conscientes que esta ultima secuencia es hipotética. Así como lo haría un fiscal ante un tribunal al intentar, tomando como base las declaraciones de los ocasionales testigos, reconstruir las últimas piezas de un asesinato. De esa manera, lo planteamos nosotros. Ahora será el jurado quien deba dar su veredicto. Puede que no acertemos del todo al reconstruir los hechos. Lo intentamos. Pero de lo que estamos convencidos, es que el "asesino" no actuó solo.

El alejamiento
Lo que narró el Comandante Principal Cipuzak, es lo que ocurrió efectivamente después. El OVNI por ellos observado se aleja luego de acompañar por unos segundos al ARG-674 cuando volvía hacia el aeropuerto para iniciar el segundo intento de aterrizaje. Según deducimos, luego de una conversación telefónica con el Sargento Joaquín Gómez, el objeto se habría alejado hacia el Sur-Sudoeste.

Si consultamos las conversaciones de la torre con los aviones, notamos que estas se reiniciaron minutos después de restablecerse la energía eléctrica pues el reporte que dicen haber hecho desde el GN-705 cuando observan el OVNI que lo sobrepasa por debajo, no aparece en la transcripción, como así tampoco la presunta respuesta del comandante Polanco confirmando ver nuevamente el OVNI "esperándolo" a los 10.000 pies.
Si, en cambio, aparece el comentario que hace la torre al ARG-674 cuando este ya estaba en aproximación al aeropuerto:
....
-BAR TWR: SEIS SIETE CUATRO CONFIRMA INICIA PROCEDIMIENTO, ENTIENDO ESTA ACERCAMIENTO SEIS SIETE CUATRO, ABANDONA CARTA UNO PARA PISTA DOS OCHO, REESTABLECIDA LA LUZ.-
-ARG 674 : COPIADO, ABANDONAMOS PARA CARTA UNO DOS OCHO EL SEIS SIETE CUATRO.-
-BAR TWR : INFORMA LIBERANDO CIEN, ACABAMOS DE VER LA LUZ OTRA VEZ.-
-ARG 674 : NOSOTROS ES ESTE MOMENTO ESTAMOS VIENDO EL TRANSITO QUE ESTA CON CIENTO DIEZ, PERO LA LUZ NO LA TENEMOS A LA VISTA.-
-BAR TWR : BUENO, LISTO. ESTABA DETRÁS SUYO.-
....

Luego de este comentario, no se observó nada más. Las conversaciones, lógicamente, continuaron hasta que los aviones tocaron tierra. El ARG-674 aterrizó a las 21.09 h. mientras que el GN-705 lo hizo a las 21.18 h.
Una vez que el avión de Aerolíneas Argentinas estaba en plataforma, se acercó a la cabina el Suboficial Principal García -bastante excitado, según declaró Polanco- con la intención de confirmar lo que él había observado desde tierra. A continuación, todos se dirigieron a la oficina de Operaciones para realizar una reunión, en la cual cada uno explicaría lo que vio. De la cual surge el escueto informe que realiza la tripulación del ARG-674 que brindamos en el anexo.
Posteriormente, García dialoga con el gendarme Juan Domingo Gaitán. En la charla participa el Sr. Gustavo Bianchi (despachante de vuelo de Aerolíneas Argentinas) y el Sr. Jorge Ezquerra.
Más tarde, lo hace con el personal de la usina (Enrique Bressa), quien le explica que el equipo no resistió, aparentemente, debido a una fuerte sobrecarga, sin embargo, resultaba curioso que el mismo no sufriera consecuencias, ya que una hora después, volvió a funcionar con absoluta normalidad. Esto, para el suboficial principal, fue sumamente extraño.
Escribe, al respecto, García en su informe:
"Posteriormente cuando se producen los despegues del ARG y de la aeronave de Gendarmería, el personal de usina / técnica me relatan lo sucedido con el grupo electrógeno, que inicialmente la causa del apagado del mismo se debía a una falla mecánica en el grupo, pero que habían efectuado un chequeo del mencionado grupo, procediendo a ponerlo en marcha nuevamente cosa que ocurre sin inconveniente."

De esta manera damos por terminado la narración de los sucesos que hemos reconstruido sobre la base de nuestras investigaciones.
Sabemos muy bien que quedan algunos cabos por atar. Algunas piezas de este enorme y difícil puzzle, como decíamos al comienzo, por encajar. No obstante ello, creemos que esta reconstrucción se aproxima bastante a los acontecimientos de esa noche.
En la próxima emisión de Gaceta OVNI efectuaremos el análisis, en el cual abordaremos algunas cuestiones que no se trataron en estas tres entregas o bien se mencionaron muy someramente. Y, por último, brindaremos nuestras conclusiones que, por cierto, siempre son provisorias ante hechos de esta naturaleza.

. . .

I La Evaluación de Confiabilidad
La confiabilidad otorgable a un determinado testimonio sobre OVNIs puede definirse, de acuerdo con el analista estadounidense Thomas M. Olsen, como el valor de probabilidad de que dicho informe refiera, de modo preciso, la percepción de un hecho real y no responda a una acción fraudulenta o a un fenómeno alucinatorio.
Por supuesto que la confiabilidad de un caso depende esencialmente de la credibilidad que se asigne a los testigos del mismo, en virtud de sus aptitudes y cualidades (tales como profesión, conocimientos científico-técnicos, nivel cultural, objetividad narrativa, amén de otras circunstancias personales); también, claro está, de su número, sitios de observación, visibilidad, lapsos de visualización, etc.
Pero, igualmente, la labor y actitud de los investigadores posee muy alta relevancia, cuando se trata de evaluar la confiabilidad de un informe. Es fundamental que los detalles aportados de un caso hayan sido documentados correctamente y con la mayor exactitud posible, y que los mismos, confrontados y correlacionados con fenómenos conocidos (naturales o resultantes de la tecnología humana), no encuentren explicación razonable en diochos términos.
Concerniente al episodio de Bariloche, examinaremos dos factores de importancia para la estimación aproximada de su nivel de confiabilidad, dentro del contexto de los datos hasta ahora disponibles. Son ellos: la calificación de los testigos, por un lado; y por otro, el rigor con que se cumplimentó la tarea de investigación.

Factor 1: Credibilidad de los testigos.
En las observaciones del 31 de julio de 1995, se da una notable conjunción de testigos cuya idoneidad profesional implica amplios conocimientos adecuados para la segura identificación de cualquier fenómeno convencional que se mueva en el espacio aéreo. Ese grado de competencia técnica es absolutamente necesaria para la seguridad de vuelo, ante la eventual interferencia de algún tránsito imprevisto. El conjunto de personas a que hicimos referencia incluye a pilotos comerciales y militares, operadores de torres de control y meteorólogos del aeropuerto.
La supuesta incompetencia relativa a los aviadores, en comparación con la de otros profesionales -v.g. astrónomos- para reconocer fenómenos aéreos ortodoxos y naturales, a los que se refiere el Dr. Hynek sobre datos proporcionados por el Project Blue Book Special Report nº 14, nos merece las siguientes reflexiones críticas: a) las pretendidas "ïdentificaciones" del Project Blue Book son reconocidamente tendenciosas, en sentido negativo, y más aún cuando se trata de casos que involucran como testigos a pilotos aéreos civiles y comerciales; b) las confusiones atribuidas a los pilotos conciernen preferentemente a observaciones astronómicas, como bien lo subraya el propio Hynek. Por consiguiente, dichos juicios no son válidos para avistamientos ocurridos en el espacio aeronáutico, sustentados en muchas ocasiones por excelentes condiciones de visibilidad, distancia y duración.
A nuestro entender, la opinión sostenida en el clásico The UFO Reference (R. Hall, NICAP, 1964), conserva plena vigencia: "Los pilotos de aerolíneas y los militares -expresa- están entre los más experimentados observadores del cielo. Su profesión requiere que ellos permanezcan cientos de hora por año en el aire, pocas profesiones exigen un conocimiento práctico del tiempo meteorológico, de otras aeronaves y de actividades inusuales, tales com pruebas de misiles".
Todos los aviadores implicados en el caso Bariloche poseen vasta experiencia técnico-profesional que otorga a sus relatos un elevado nivel de credibilidad. Así, por ejemplo, el comandante Jorge Polanco lleva 25 años de vuelo, con 10.000 horas en aviones comerciales; es comandante de Aerolíneas Argentinas desde 1983. Los otros tripulantes del Boeing 727-200, el copiloto, primer oficial Daniel Dortona (17 años en la empresa y 9.000 horas de vuelo); el ingeniero de vuelo Jorge Allende (15 años de vuelo) y el primer oficial Roberto Luis Benavente, con sólida competencia en materia aeronáutica. Y lo propio sucede con los pilotos del GN-705, de la Gendarmería Nacional, comandante principal Rubén A. Cipuzak (20 años de vuelo) y comandante Juan Domingo Gaitán (15 años de vuelo). En cuanto al personal técnico del aeropuerto, su experiencia es indudable: el suboficial principal Daniel García tiene 23 años de antigüedad en su profesión; el suboficial ayudante Alfredo Blanco, 6 años; y el operador meteorológico Nicolás Araya, y también 6 años.
Prima facie, el caso Bariloche parecería constituir un típico avistamiento con testigos múltiples. En efecto, hay hasta el presente, por lo menos 24 observadores distribuidos en 4 agrupamientos independientes, separados entre sí, y desde 4 lugares diferentes y 3 planos de altitud.
Casi todos los testigos incluidos en el incidente han podido ser identificados con nombre y apellido. Además, la vinculación existente entre ellos, en la mayoría de los casos es de índole estrictamente laboral, siendo la excepción más notoria el matrimonio Cabral. Por añadidura, muchos de los protagonistas no se conocían entre sí, con anterioridad a la ocurrencia de los hechos.
Agreguemos que durante las observaciones, tanto los operadores del aeropuerto, como los aeronavegantes, no descuidaron en ningún momento sus respectivas obligaciones profesionales. Además, inmediatamente luego de los sucesos, sus actores prosiguieron con sus labores de rutina: el GN-705 procedió a la evacuación sanitaria de emergencia para la que había sido enviado, sin dar mayor importancia ulterior al incidente. Recién al día siguiente, al sintonizar un canal de televisión conocieron un reportaje al comandante Polanco. Este aviador, por su parte, una vez elaborado el informe escrito, de carácter interno, solicitado por el jefe de turno del aeropuerto, prosiguió con su rutina de vuelo de regreso a la Capital Federal. Una filtración informativa permitió a los medios de Bariloche tomar conocimiento del antedicho documento oficial y, a la mañana siguiente, muy temprano, Polanco comenzó a recibir llamadas telefónicas requiriéndole confirmación y detalles del avistamiento.

Factor 2: Calidad de la investigación.
Este factor posibilita valorar la probabilidad de que los encuestadores hayan registrado documentalmente, de la manera más correcta, objetiva e imparcial posible, un avistamiento reportado que no admite solución en términos convencionales.
La investigación que sustenta el presente informe incluye, como núcleo principal, una suma de fuentes de primera mano, encuestas directas, realizadas independientemente (muchas de ellas in situ) mediante entrevistas prolongadas con la mayoría de los testigos identificados. Dichas encuestas fueron reiteradas, después de un lapso superior al año, con el objeto de confrontar las narraciones de los mismos testigos y de sumar nuevos datos. Todas ellas estuvieron respaldadas por grabaciones y fotografías para una pormenorizada revisión y ulterior documentación. A fin de recabar información complementaria que coadyuvara al esclarecimiento de ciertos aspectos confusos del caso, se efectuaron además llamadas telefónicas a diversos declarantes.
Otros documentos de primera mano a los que se tuvo acceso fueron la transcripción de la cinta magnetofónica del grabador de la Torre, con las conversaciones entre la torre de control Bariloche y los vuelos AR-674 y GN-705, el informe escrito presentado por el comandante Polanco, rubricado por los otros tripulantes de la aerolínea, señores Dortona y Allende; los informes del suboficial principal Daniel García, del suboficial ayudante Alfredo Blanco y del operador meteorológico Nicolás Araya; y las cartas aeronáuticas con las trayectorias de los aeromóviles, la noche del 31 de julio de 1995.
Completando esta fase investigativa de primer nivel, se recurrió también a otras fuentes secundarias indirectas, tales como cassettes con numerosas entrevistas televisivas y radiofónicas.
Sobre la base de todos estos elementos de juicio así reunidos, finalmente se buscó correlacionar esa documentación con categorías de fenómenos conocidos, tanto naturales como artificiales.

Condiciones complementarias de las observaciones.

Situación meteorológica:
A pesar de la nocturnidad de los avistamientos, las circunstancias del tiempo atmosférico eran favorables: en ese momento no había perturbaciones de importancia, como lluvia, nieve, granizo o fuertes vientos, que dificultaran la visión. El cielo estaba despejado, con una delgada capa de estratos dispersos con dos octas (dos octavas partes del cielo), a unos 30º`de altura sobre el horizonte Oeste; la nubosidad aparecía recostada, como es habitual en esa región, hacia las montañas. La luna se hallaba en creciente (fase 0,18) y, por tanto, con poca luminosidad, de modo que la noche, extremadamente oscura, permitía una clara percepción de las fuentes de luz. En consecuencia, puede inferirse que las condiciones de visibilidad existentes en el lapso de las observaciones fueron positivas.

Tiempos de visualización.
1. El parámetro duración en el vuelo formado del AR-674 con el OVNI, fue calculado por los pilotos en aproximadamente 3 ó 4 minutos, desde las 12 millas DME, hasta el instante en que ocurre el apagón del sistema eléctrico autónomo del aeropuerto.
2. A partir del momento en que la aerolínea divisa el tránsito desconocido -el avión estaba a unas 2 ó 3 millas de la vertical del aeropuerto- hasta que se inicia el viraje de procedimiento, a unas 13 millas DME, tiene siempre la "luz" a la vista y a su frente, ligeramente a la izquierda de su proa, "a las 11". Vale decir, en su trayectoria por el radial 120, el Boeing 727 mantuvo una visualización casi constante por otros 4 minutos aproximadamente.
3. En cuanto al GN-705, de la Gendarmería, sus pilotos estimaron la duración en 10 a 15 segundos, a partir de que la luz ámbar los pasa por debajo, realiza sus maniobras y regresa en sentido convergente, cruzándolos nuevamente bajo su nivel de vuelo, hasta su alejamiento definitivo con rumbo S.SO.

Distancias estimadas al fenómeno.
En su máxima cercanía al avión comercial, el OVNI (según el testimonio del comandante Polanco) se ubica a menos de 50 m de la cabina de comando -tal vez 100 m, en otra estimación- a poca distancia de la puntera del ala derecha, tomada como punto de referencia. El prolongado tiempo de observación, la buena visibilidad, sumadas a la innegable capacidad de los pilotos para identificar objetos en vuelo, confieren validez a estos cálculos de distancia y permiten definir el caso como un verdadero "encuentro cercano" en medio aéreo.
A su vez el GN-705 alcanza su distancia mínima a la luz en el instante en que ésta los supera en vuelo, con una diferencia de altitud entre 1.000 y 1.500 m, por debajo del avión.

Evaluación cuantitativa de confiabilidad.
Para obtener tal valor numérico se apeló a la formulación de Olsen implementada en su obra The Reference for Outstanding UFO Reports. Según el mencionado analista los informes sobre OVNIs se califican, en cuanto a su fiabilidad, entre un mínimo de 0, y un máximo de 1; vale decir, similar a la escala de probabilidad. La confiabilidad absoluta, por supuesto, representada por el valor 1.0, es teóricamente inalcanzable. (Ver ecuación en recuadro)

Ecuación de confiabilidad total (Pr).

Formula

Donde p = factor de confiabilidad promedio de los testigos
m = numero de testigos
Pi = factor de confiabilidad de la investigación
n = n-sima mano del informe

Aplicando los valores numéricos obtenidos para los sucesos de Bariloche y considerando en forma separada las observaciones efectuadas desde el ARG-674 y el GN-705, arribamos a los resultados siguientes:

p = 0.125 (experiencia extensiva con fenómenos aéreos)
m = 4 y 3 respectivamente
Pi = 0.850 (se ubica entre los llamados niveles intermedios -0.750- y
elevados -0.999-.
n = en nuestro caso es igual a 1

Por consiguiente, para el incidente del ARG-674 se alcanza un índice de confiabilidad igual a 0.8497, y en cuanto al GN-705, el coeficiente es de 0.8483. Lo cual conforma, en ambos casos un nivel numérico difícil de subestimar. En cuanto a la observación de Dina Huapi, el valor Pr desciende a 0.6375, sensiblemente inferior, en razón del menor número de testigos y de la escasa experiencia de los mismos con fenómenos aéreos (0.500).
A modo de comparación, acotemos que otro sistema de evaluación, v.g. el de los españoles Ballester Olmos y Guasp, introduce la siguiente tabulación:

Hasta 0.4 : credibilidad baja
Desde 0.5 a 0.6: credibilidad normal
De 0.7 a 1.0: credibilidad excelente

Como se advierte, las observaciones efectuadas por las tripulaciones de las dos aeronaves tienen muy elevado índice de credibilidad. En cambio, el avistamiento de Dina Huapi se ubica dentro de lo que se califica de credibilidad normal.

II ANALISIS CRITICO DE LAS HIPOTESIS REDUCCIONISTAS

Una etapa fundamental en la investigación ufológica consiste en la búsqueda de correlaciones significativas entre los datos compilados en el curso de la misma, con fenómenos naturales o ingenios tecnológicos conocidos.
La hipótesis convencionales que puedan formularse sobre la base de las coincidencias surgidas al cabo de tal estudio comparado, hacen posible la identificación de lo presuntamente desconocido con lo ya conocido. Por ello, se trata en realidad de una reducción y no de una explicación en sentido estricto, que explica lo desconocido por medio de nuevas conjeturas o hipótesis. De ah la rotulación que hemos utilizado para nominar este segmento del Informe.
Examinaremos sucesivamente tres clases de interpretaciones reduccionistas:

Hipótesis psicologistas
Son aquellas que no admiten la realidad de un estímulo objetivo como generador de la experiencia OVNI, vale decir, que no aceptan la realidad física y específica de un fenómeno anómalo, aduciendo que tan sólo se trata del resultado de fraudes conscientes o inconscientes, o de alteraciones cualitativas o cuantitativas de la percepción humana.
Con referencia a los acontecimientos de San Carlos de Bariloche, al cabo de una investigación prolija, arribamos a la conclusión de que cualquier solución psicologista aporte una respuesta lógicamente satisfactoria, son remotas, sino nulas.

Actitudes fraudulentas
Por de pronto, un eventual fraude o un comportamiento de mendacidad generalizada queda descartada, a poco que se repare en el elevado número de testigos independientes comprometidos en el caso, y de que la mayoría de ellos no se conocían entre sí con anterioridad a los avistamientos, o bien mantenían vínculos estrictamente laborales. Agreguemos que las entrevistas personales que se efectuaron a muchos de ellos permitieron ratificar en detalle las circunstancias arriba mencionadas y, a la vez, adquirir conocimientos directos y de primera mano sobre el cual fundar responsablemente nuestros juicios valorativos acerca de sus cualidades de seriedad y honestidad.

Alteraciones en la percepción.
Sobre las posibilidades de que, por situaciones particulares, los testigos sufrieran alguna perturbación de sus capacidades perceptivas a punto tal que su sano juicio hubiera sido anulado, y llevarlos a confundir objetos ordinarios con fenómenos extraños y alarmantes, sólo cabe reiterar lo que ya expresáramos respecto a la presunción de eventuales fraudes.
Por otra parte, la hipótesis de las confusiones sensoperceptivas se hace más improbable aún, cuando como en el caso de Bariloche, hubo una convalidación intersubjetiva de los hechos.
La primera, mientras el ARG-674 volaba en formación con el tránsito desconocido. Durante 3 ó 4 minutos, de descenso hacia la vertical del BAR. En esa instancia, fue percibido por la tripulación de la aerolínea y desde el aeropuerto por el suboficial principal Daniel García, quien en ese momento se desempeñaba como jefe de turno (y también por otro testigo en tierra, como el señor Ezquerra). Acotemos que el mencionado operador divisó, acompañando el vuelo del Boeing a escasa distancia (20 ó 30 m, según una estimación aproximada) y a babor de la aerolínea, una luz blanco-azulada muy potente y mucho más grande que el faro de aterrizaje de cualquier aeronave. No se trataba del avión de la Gendarmería -como algún escéptico ha sugerido livianamente- pues en ese instante, cuando el ARG-674 se hallaba interceptando el ILS y con la pista a la vista, a 5.500 pies de altura, descendiendo y a menos de 10 millas de la vertical de BAR, el GN-705 recién se notificaba a 22 millas afuera.
Con algunas dudas, cabría añadir la observación del comandante Cipuzak, quien, de manera fugaz (2 segundos a lo sumo) creyó divisar al lado de la máquina de Aerolíneas Argentinas una luz ámbar y otra verde hacia la cola del avión.
Otra visualización simultánea ocurrió con el ARG-674, completando su viraje, a 10.000 pies de altura y, reencontrándose con el fenómeno luminoso, lo cual fue claramente observado desde el GN-705, que por entonces volaba a 11.000 pies de altitud y a unas 5 ó 6 millas de distancia, y también por los operadores del aeropuerto (suboficial ayudante Alfredo Blanco y cabo primero Julio C. Cantero), según lo asentado en la cinta magnetofónica grabada con las conversaciones entre los pilotos de las aeronaves y la torre de control; y por supuesto por el testimonio directo del mencionado personal técnico.

Descontrol emocional.
Las actitudes de los testigos confrontados con fenómenos prima facie inusuales, son de gran importancia para definir la verosimilitud de una hipótesis psicologista en un caso particular. Situaciones tales como histeria, temor o estrés, bien pueden inducir percepciones confusas e ilusorias. De igual modo, suele ocurrir que ciertos testigos, guiados por diversas motivaciones más o menos inconscientes, por deseos y necesidades profundas de tipo místico, esotérico o salvacionista, vean lo que quieren ver y distorsionen así una realidad ordinaria.
Precisamente, a partir de este enfoque y desde una postura de extremado escepticismo se ha intentado dar una solución convencional a los avistamientos de Bariloche, aduciendo un supuesto estrés o conmoción emocional por parte de los testigos. Esta opinión puede exponerse del siguiente modo:
El vuelo sobre áreas montañosas, aunado al recuerdo de "terribles accidentes" ?? ocurridos en el aeropuerto de Bariloche, provocaron un intenso estrés en el piloto del ARG-674, comandante Jorge Polanco, hasta el punto de hacerlo suponer que una luz "ambigua", aparecida, en el horizonte Este, era un tránsito aéreo desconocido. Esta perturbada impresión de Polanco se trasmitió a los demás miembros de su tripulación, a los operadores de la torre de control y a los pilotos del avión de la Gendarmería, quienes comenzaron a manejar la hipótesis de que "hay un tránsito no identificado en la zona". Las restantes visualizaciones del caso fueron tan sólo consecuencia de esta situación de estrés compartido.
Según nuestro criterio, la hipótesis que acabamos de exponer, adolece de graves falencias lógicas y no se ajusta en modo alguno a los datos de primera mano obtenidos en el curso de la presente investigación.
Por de pronto, la ruta aérea de Buenos Aires a Bariloche no atraviesa zonas de alta
montaña; los primeros cordones de relevancia de la Cordillera Austral aparecen más hacia el Oeste, como es fácil de apreciar consultando cualquier carta geográfica, aún cuando no se conozca la región personalmente. La presunción de una situación estresante no condice en modo alguno con la realidad del paisaje geomórfico de la zona. Recordemos que el aeropuerto de Bariloche está emplazado en un área amesetada, a unos 800 m de altitud sobre el nivel del mar, denominada la Pampa de Nahuel Huapi. Pero tampoco habría motivos de estrés severo si en verdad (que no lo es) las aerolíneas se desplazaran sobre regiones montañosas, pues de trata de pilotos habituados a ese tipo de vuelos, que son ya parte de su rutina.
En segundo término, no fue el comandante Polanco el primero en divisar la "luz" a las 11, sino su copiloto Dortona (y casi simultáneamente el ingeniero de vuelo Jorge Allende) quienes la observaron y llamaron la atención respecto a su presencia. Fue también Dortona quien se comunicó con la torre de Bariloche, interrogando acerca de la naturaleza del fenómeno luminoso y recibiendo una respuesta negativa: no se trataba de un avión ni de un helicóptero. Vale decir, que la idea de una "tránsito desconocido" no surgió de la mente supuestamente perturbada del comandante Polanco, sino que existió un dato objetivo, conforme lo demuestran los registros técnicos de los operadores del aeropuerto.
Además, no es exacto que la configuración de luces verdes y anaranjadas, acompañantes en el descenso del ARG-674, sin modificar sus posiciones relativas -como una gestalt- fuera vista solamente por el comandante Polanco. Por el contrario, los restantes miembros de la tripulación del Boeing tuvieron percepciones, no idénticas, pero sí semejantes en esencia. Luego, es erróneo e injusto focalizar en Polanco y en sus hipotéticos desarreglos psicológicos como vía para "explicar" los fenómenos inusuales de Bariloche.
Estudiando en detalle las actitudes de los protagonistas del incidente, advertimos que la intensidad de las respuestas emocionales de aquellos se halla en estrecha relación con el nivel de extrañeza del fenómeno aéreo que visualizaron en cada caso.
En las circunstancias del vuelo GN-705, sus tripulantes, al comenzar a sintonizar las comunicaciones de radio entre la aerolínea y la torre de control, concernientes al tránsito desconocido, se sintieron inquietos y preocupados pues, al ignorar la altitud del fenómeno, así como su imprevisible actividad, temieron una eventual colisión. Al avistar efectivamente la luz ámbar, la sensación de inseguridad fue reemplazada casi en forma instantánea por una gran tranquilidad; quizás porque los movimientos del fenómeno no parecían azarosos, sino controlados. Por fin, una vez concluida la observación y alejada la "luz", los pilotos no se ocuparon más del tema y volcaron toda su atención hacia la tarea de emergencia sanitaria que debían cumplir. Recién al día siguiente, al ver y escuchar al comandante el comandante Cipuzack por ATC, una entrevista que le efectuaban al piloto Polanco, comenzaron los requerimientos periodísticos.
En cuanto a los tripulantes del Boeing 727, de una actitud inicial de intriga, por el tránsito no identificado, pasan de cierta alarma ante lo que pensaron era una eventual posibilidad de colisión. Pero a posteriori, la irrupción dentro de su campo visual de un fenómeno luminoso extraño, provoca en los testigos una evidente inquietud, aunque de distinto grado conforme a la personalidad de cada uno de ellos. No obstante (y pese al hecho de que en ese mismo instante se suma el imprevisto apagón de las luces del aeropuerto) los pilotos dominan sus emociones y, actuando con serenidad y profesionalidad, conducen la aeronave sin problemas a buen término.
Para los testigos de DinaHuapi -el matrimonio Cabral- los sentimientos predominantes suscitados por el avistamiento de las manifestaciones luminosas, fueron de curiosidad y sorpresa, pero en momento alguno de temor. Y algo muy similar aconteció con los operadores y técnicos del aeropuerto.

La escalada de hipótesis.
Otro aspecto relevante que notamos, casi como denominador común, es que todos los protagonistas principales han experimentado el bien conocido proceso psicológico de asimilación: es decir que los testigos, en primera instancia, procuran equiparar sus observaciones a lo ya aceptado como usual y convencional,. Pero, a renglón seguido, el propio observador se ve forzado, mediante una actitud crítica, a rectificar sus juicios iniciales, tras ensayar y descartar sucesivamente diversas interpretaciones y concluir admitiendo la existencia de un hecho misterioso, de algo nunca visto anteriormente.
A propósito de este aspecto recurrente, revistaremos ahora la secuencia de eventos reportados la noche del 31 de julio de 1995, en el área de Bariloche.
DinaHuapi: Los dos testigos observan desde su automóvil una luz de gran intensidad, suspendida sobre el lago Nahuel Huapi. Inicialmente pensaron que se trataba de un avión. "¡Pará, pará, mirá que luz rara tiene ese avión!" le advierte el Sr. Silverio Cabral a su esposa Berta. Luego, la inmovilidad, el silencio y ciertos caracteres lumínicos del fenómeno los lleva a desechar esa primera impresión. "¡Ay, Dios mío! ¿Qué es eso?" exclama la Sra. Berta. Recién a la mañana siguiente, al sintonizar una radio local, ambos testigos conectan su experiencia con la aparición de un OVNI.
Vuelo ARG-674: Los tripulantes divisan un tránsito hacia el SE ( a las 11) con aparente rumbo de colisión. Al principio pensaron que la luz en cuestión era un avión con problemas de radio, por lo cual no respondía a los llamados de la torre. Después, a medida que se sucedían los acontecimientos comenzaron a dudar de esa suposición inicial, a sospechar sobre su verdadera naturaleza y a preocuparse por la actividad del objeto desconocido. La palabra plato volador recién fue expresamente mencionada cuando el objeto (aparentemente el mismo) surge al lado derecho de la aeronave de línea. Antes de ver personalmente el fenómeno, el comandante Polanco supone una broma del copiloto -quien fue el primero en advertir su presencia y comunicárselo al resto de la tripulación- y luego, aún con el OVNI a la vista, con su anómala conformación de luces, le resulta difícil aceptar su existencia real.
Vuelo GN-705: La primera impresión de los pilotos, al ser sobrepasados en vuelo horizontal por una luz ámbar destellante, es la de estar frente a un jet de combate, pero cuando la luz efectúa una serie de maniobras físicamente imposibles, la idea de un OVNI en el sentido estricto del vocablo, termina por prevalecer.
El panorama que acabamos de mostrar, confirma que, en todos los casos, los testigos han pretendido, como reacción primaria, buscar una respuesta convencional para sus experiencias y que luego, mediante la llamada "escalada de hipótesis" (Hynek), es decir: ascendiendo paso a paso hacia una mayor complejidad conceptual, aceptar por fin que no se enfrentaban a un estímulo ordinario, sino a un fenómeno marcadamente anómalo.
No estamos pues, en presencia de contactistas que anhelan el encuentro con los Hermanos del espacio, ni de personas que movidas por oscuros impulsos se dirigen a determinados sitios, desde los cuales perciben la llegada de naves del espacio exterior, ni de grupos sectarios que mediante "mantreos" u otras vías de purificación espiritual invocan la aparición artefactos extraterrestres, luces inteligentes o seres cuasiangélicos. En cambio, sí advertimos que los testigos del caso Bariloche son gente normal, que sin preverlo ni desearlo se vieron de pronto inmersos en sucesos extraños y perturbadores, mientras desarrollaban actividades habituales y cotidianas.

Hipótesis aerotecnológicas
Según los datos aportados por el Project Blue Book, sobre una base de 1.593 informes reportados, entre junio de 1947 a diciembre de 1952, algo más de un 30% de ellos, eran susceptibles de ser identificados como globos meteorológicos, aviones y helicópteros, y habían sido confundidos como OVNIs por los ocasionales testigos.
Con respecto a esta segunda hipótesis alternativa, analizando los elementos de extrañeza en los avistamientos de Bariloche, es viable inferir varias conclusiones que refutan dicha interpretación.
En primer término, por sus rasgos de configuración, los fenómenos observados no corresponden a ninguna expresión de la aerotecnología contemporánea. Tal aserto surge claramente del análisis que se expone a continuación.
En su momento de máxima cercanía, el fenómeno es detectado por todos los pilotos del Boeing 727. Sin embargo, -y esta circunstancia merece ser remarcada- sus respectivas descripciones no son idénticas.
Según el testimonio del comandante Polanco, el objeto* se mostraba como una entidad de consistencia aparentemente sólida, morfología lenticular, con presunta convexidad y tres fuentes luminosas: dos luces verdes en los extremos y otra en el supuesto ápice del OVNI. En cambio, tanto el copiloto Dortona, como el ingeniero de vuelo Allende refieren un panorama algo diferente: ellos ven una configuración de tres luces, del mismo color y muy similar disposición que las referidas por Polanco; incluso advierten la pulsación de la luz anaranjada central, mas no distinguen ningún cuerpo sólido que las sustente (Dortona ve la luz ámbar pulsante, con forma de copa, algo más elevada con respecto a las otras dos fuentes de luz verde). Por su parte, el primer oficial Benavente, que viajaba accidentalmente en el vuelo ARG-674, a pesar de estar ubicado detrás del asiento del piloto Polanco y no disponer de una buena visión de los fenómenos, coincidió con la descripción de Dortona, pero su interpretación es más escéptica, porque no descarta que las luces acompañantes no fueran las de un jet de combate. Sin embargo, se sabe por informes técnicos del personal del aeropuerto que ningún avión de tales características voló esa noche en el área de Bariloche; y tampoco se informaron vuelos de aeronaves militares, civiles o comerciales, ya fueran éstos programados o no. Pero, paradójicamente, la opinión de Benavente ratifica la impresión de que se estuvo en presencia de un objeto estructurado y no de simples juegos de luces.
De todos modos, al margen de sus disimilitudes, todos los testimonios coinciden en afirmar la irrupción de un fenómeno inusual, capaz de intrigar a los pilotos, no obstante su prolongada experiencia profesional.
Para ensayar una posible explicación válida a las divergencias que se notan en las narraciones de los tripulantes, no es irrazonable argumentar que como las luces mantenían entre sí una exacta posición fija, a pesar de acompañar la trayectoria descendente de la aerolínea durante un lapso prolongado, conformando así una especie de grupo geométrico, bien podrían haber creado la impresión de fenómenos con estructura sólida.
En sentido inverso, experiencias visuales, muy fáciles de corroborar, nos indican que en cielos nocturnos sólo son visibles las luces de posición de las aeronaves, y esto no sucede en cambio con el cuerpo (fuselaje y alas) de las mismas.
Aunque sin duda existen numerosos incidentes semejantes que involucran la percepción de configuraciones luminosas, sin sustento sólido aparente, recordaremos aquí un valioso caso, que es ya un clásico de la ufología mundial.
La noche del 20 de agosto de 1949, el Dr. Clyde Tombaugh, renombrado astrónomo estadounidense -descubridor en 1930 del planeta Plutón- se hallaba en el patio trasero de su casa en Las Cruces, Nuevo México. Aproximadamente a las 22 horas, el Dr. Tombaugh y dos miembros de su familia observaron, atravesando rápidamente el cenit del cielo, una extraña hilera de luces verde-azuladas, un conjunto geométrico de rectángulos, cuya visualización duró unos 3 segundos. "Los rectángulos iluminados mantenían -decía el astrónomo- una exacta posición fija entre sí, lo cual tendía a sustentar la impresión de solidez".
En segundo término, el comportamiento de los fenómenos avistados sobre la zona de Bariloche, es incompatible con los de cualquier ingenio volador convencional y excluyen soluciones que involucren estímulos aeronáuticos. Subrayemos que el factor movimiento es uno de los elementos diagnósticos pro-OVNI más específicos y definitorios.
En el incidente de Bariloche, comportamientos cinemáticos claramente anómalos fueron percibidos tanto por los pilotos del ARG-674, como por los del GN-705. En el primer caso se detectaron maniobras de vuelo en formación cercana, en abierta contravención a las estrictas regulaciones del tránsito aéreo que prohibe la aproximación no prevista entre dos aeronaves, a menos de 150 m. Además -y según testimonio del copiloto Dortona- la luz no identificada efectuó también, en cierto momento, un repentino cambio de posición, moviéndose hacia su derecha (a la izquierda del Boeing) con un ángulo de 90 grados "como evadiéndonos...lo que no es normal en un helicóptero o un avión, o algo que nosotros conocemos...".
Con respecto al aparato de la Gendarmería, durante 15 segundos sus tripulantes presenciaron con toda claridad las evoluciones de una luz peculiar, no irradiante, que destellaba, ejecutando movimientos discontinuos, con alternancia de fases estáticas y de movilidad. Se percibieron giros cerrados en ángulo recto, en ascensión vertical, detenciones súbitas y aceleraciones insólitas con altas velocidades. Todas ellas, traslaciones en evidente violación a las leyes físicas de inercia y gravedad actualmente reconocidas por la ciencia. Acotemos que el brusco ascenso de la luz destellante, vista desde el GN-705 es descrito como "explosivo"o "casi instantáneo".
Las estimaciones de velocidad resultan sólo aproximadas y dependen de la altura en que se calcule el vuelo horizontal del fenómeno luminoso, antes de la trepada vertical. Si se le otorga un valor intermedio de 1.300 m y el fenómeno -que se desplazaba a 600 o 700 km/h- ciertamente llegó y se detuvo a un nivel de 3.000 m, en 1 segundo, se obtendría una velocidad de 5 Mach, (el comandante gaitán habla de 3 Mach) por lo menos. Pasar de 700 km/h a más de 6.000 km/h, significa una enorme aceleración, incompatible con lo que podría soportar cualquier aeronave convencional.
Coincidentemente con lo expuesto, el informe aportado por el matrimonio Cabral, testigos afincados en DinaHuapi, adiciona otros elementos concordantes en cuanto a la cualidad de los movimientos del extraño fenómeno luminoso por ellos percibido; desde una posición estática, aquel se alejó a una velocidad impresionante que "no pudo ser seguida por la vista".
Por fin, para concluir este exámen crítico de la hipótesis aerotecnológica aplicada a los eventos de Bariloche, reproducimos textualmente un informe del Comando de Regiones Aéreas de la Fuerza Aérea Argentina, con fecha 5 de setiembre de 1995:
"La investigación por parte de la Fuerza Aérea fue finalizada en el momento que se determinó que no hubo invasión del espacio aéreo de jurisdicción por parte de objetos aéreos convencionales conocidos".

Hipótesis astronómicas
Siempre de acuerdo con las mismas fuentes citadas de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y para igual período histórico, cerca del 15% de las confusiones de los testigos fueron causadas por objetos astronómicos, primordialmente por meteoritos, planetas (Venus, Júpiter y Marte) y algunas estrellas de 1era. Magnitud, como Sirio, Canopus, etc.
Pero los meteoritos se manifiestan dentro de muy limitadas condiciones de movilidad (no efectúan cambios bruscos de dirección, ni detenciones) y de duración (normalmente son fugaces, con duraciones típicas de 1 a 15 segundos, 30 segundos como máximo.
En cuanto a los planetas y estrellas, se trata de cuerpos astronómicos caracterizados por su inmovilidad aparente, salvo el poco menos imperceptible movimiento (15º por hora) con que acompañan el de la esfera celeste. Además, todos ellos son fáciles de localizar en el cielo, mediante los sistemas de coordenadas, y en el caso de los sucesos de Bariloche las posiciones de todos los fenómenos luminosos observados no coinciden con las de ninguno de los astros.
Recordemos que algunos medios gráficos dieron cabida a una explicación astronómica para las observaciones efectuadas por los pilotos del Boeing 727. Según la misma, las luces percibidas a babor de la aeronave, durante el descenso hacia la vertical del aeropuerto, sólo habrían sido el resultado de una confusión con la Luna y el planeta Marte, que por entonces aparecía muy próximo al satélite natural.

Con el fin de evaluar objetivamente la verosimilitud de esta especulación convencionalista, expondremos a continuación las ubicaciones respectivas de ambos cuerpos celestes, vistos desde las coordenadas geográficas de San Carlos de Bariloche (Latitud: 41º 09 Sur; Longitud: 71º 10 Oeste).
Datos generados y corroborados mediante la implementación de dos sofware astronómicos: el Expert Astronomer for Windows, y el EZ Cosmos 3.0).

Horizonte occidental, para la hora 20:30.

Luna
Az. 295º 07' 44" (en fase 0.18)
Alt. 27º 53' 49"

Marte
Az. 301º 50' 23"
Alt. 34º 12' 102"

Horizonte occidental, para la hora 20:40.:.

Luna
Az. 293º 07' 17"
Alt. 26º 14' 17''

Marte
Az. 299º 33' 37"
Alt. 32º 34' 48"

La conclusión que se desprende de los datos mostrados, es insoslayable: la Luna y Marte nunca estuvieron a la derecha y atrás del ARG-674 (hacia el E o NE) donde se percibieron los fenómenos luminosos, sino al frente (horizonte occidental) de la aeronave. Ambos se ubicaban próximos a los 300º de Azimut (O-NO) y a una altura de 30º aproximadamente respecto al horizonte. De este modo, la solución convencional queda absolutamente descartada. El intento por reducir las observaciones de Bariloche a cuerpos astronómicos erróneamente percibidos, aparece frágil e inconsistente.

Hipótesis óptico-atmosféricas.
Otra de las interpretaciones escépticas más remanidas es aquella que se esfuerza por diluir las manifestaciones OVNI como meros procesos ópticos de refracción y reflexión en las capas atmosféricas, de luces emitidas por fuentes convencionales, v.g. faros de automotores, reflectores varios, etc..
Tal solución (de la más pura tradición "menzeliana" es la expuesta por ejemplo, a los medios periodístico por el Dr. Horacio Ghielmetti, físico del CONICAT, a propósito del caso Bariloche. "En esta época del año -señala el profesional- la ciudad de San Carlos de Bariloche siempre está cubierta de nubes y eso ayuda a que se produzcan efectos inusuales muy importante, producto del reflejo de las luces, y las ilusiones ópticas suelen ser muy desconcertantes".
Más cauto, el Dr. Ernesto Crivelli, de la Universidad del Comahue, admitió que el extraño fenómeno observado en Bariloche "no tiene una explicación concreta" desde su óptica. Aunque aclaró que la nieve puede jugar un papel preponderante en ese contexto. "Con las actuales condiciones meteorológicas -expresó el científico- un láser como el que tienen las discotecas locales puede rebotar muchísmas veces hasta desaparecer". (Fuente: Río Negro, jueves 3 de agosto de 1995).
Por supuesto que en el momento de sus declaraciones a los medios, ambos científicos no habían investigado los detalles del caso, ocurrido 4 días antes.
¿Qué puede inferirse acerca de la verosimilitud de las hipótesis óptico-atmosféricas, a partir de los procesos de análisis y evaluación a que hemos sometido los hechos de Bariloche? ¿Es razonable admitir que un simple fenómeno de reflexión óptica pueda generar en testigos calificados la sensación de hallarse en presencia de configuraciones luminosas, definidas y permanentes? Tal es el caso del fenómeno formado con el ARG-674, en el que los tripulantes concuerdan esencialmente en haber visto una conformación de tres luces, que mantenían sus distancias relativas y que, como una gestalt, siguió por un lapso de 3 minutos el descenso de la aerolínea.
Lo propio cabe afirmar con relación a la "luz" percibida desde el GN-705. Se trataba de una fuente luminosa no puntual, con rasgos peculiares: pulsaba, se prendía y apagaba alternativamente; tampoco irradiaba, era opaca, semejante a una "perla". Parecía, en los primeros instantes, el beacon de una aeronave militar y no la proyección de algún reflector con base terrestre. Recordemos también que el fenómeno se desplazaba por debajo del GN-705, en un área del cielo carente de nubosidad.
En el avistamiento previo de Dina Huapi, los dos testigos relatan la aparición de haces de luces verde-azuladas, que se proyectaban a partir de una especie de arco luminoso anaranjado, muy intenso, estático en el cielo. Las luces se irradiaban siempre hacia abajo, sin llegar al suelo, "como el agua que surge de una ducha" -según la descripción del matrimonio Cabral. Y en esos momentos, toda la región carecía de energía eléctrica a causa del primer apagón.
Complementando los argumentos expuestos, subrayemos que las condiciones meteorológicas prevalecientes en esa noche no fueron adecuadas para la producción de efectos ópticos de alguna relevancia. El cielo, en esas instancias atmosféricas estaba despejado, con una delgada capa de estratos dispersos con dos octas (dos octavas partes del cielo), a unos 30º de altura sobre el horizonte Oeste; la nubosidad aparecía recostada, como es habitual en esa región, hacia las montañas. La mayor parte de las manifestaciones aéreas insólitas denunciadas se dieron precisamente en los sectores despejados, de modo que no hubo una especie de pantalla natural, como lo sería la base de las capas nubosas, donde se proyectaran los haces luminosos (que por otra parte no se vieron en momento alguno) provenientes de las supuestas fuentes de rayos láser o de reflectores de cualquier tipo.

Conclusiones generales
La contrastación de las hipótesis convencionales con los datos existentes, evaluados de modo objetivo y racional, revela que ninguna de aquellas posee la suficiente entidad lógica como para ser aceptadas como medianamente plausibles.
Conforme a lo antedicho, podemos afirmar con aceptable grado de certitud, que los fenómenos avistados en el área geográfica circundante al aeropuerto de Bariloche la noche del 31 de julio de 1995, constituyen auténticas expresiones anómalas; vale decir, que no admiten ser integradas en el cuerpo de conocimientos científicos reconocidos al presente como válidos.

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La clase de certeza a que es posible arribar mediante el análisis como el implementado en el Informe Preliminar sobre el Caso Bariloche, se asemeja más al que se puede adquirir en el ámbito de las investigaciones de tipo jurídico. Tal restricción es lógica consecuencia de la metodología que nos impone la naturaleza de los datos con que debemos manejarnos en el campo de la indagación ufológica. No hay aquí, y más precisamente no la hay en los incidentes anómalos de Bariloche, datos objetivos permanentes, sino evidencias de muy diferente relevancia probatoria, a las cuales es menester evaluar minuciosamente, eludiendo en lo posible cualquier tendencia prejuiciosa y parcializada.
Dentro de ese marco limitativo, el estudio analítico de los hechos, circunstancias y testimonios concernientes a los fenómenos aéreos presuntamente anómalos sobre la zona de Bariloche, reportados la noche del 31 de julio de 1995, nos permite arribar a varias conclusiones en las cuales se dan elementos de certeza, juntamente con dudas y conjeturas.
En primer término, la contrastación de las hipótesis convencionales con los datos recopilados durante la investigación y evaluados de modo objetivo y racional, revela que ninguna de aquellas posee la suficiente entidad probatoria para ser calificadas como medianamente plausibles. Resumiremos aquí lo ya expresado en el artículo anterior:
En virtud de su configuración, los fenómenos aéreos observados no corresponden a ninguna expresión de la aerotecnología contemporánea, lo cual permite descartar como factores de identificación a todo tipo de aviones, helicópteros, globos sondas, dirigibles, etc. Y tampoco el comportamiento cinemático de tales fenómenos se compatibiliza con los de cualquier ingenio volador convencional y excluyen, por tanto, soluciones que involucren estímulos aeronáuticos y astronáuticos. Agreguemos a lo expuesto que durante la noche del 31 de julio, no hubo en el área de Bariloche ningún lanzamiento de globos sondas y tampoco se reportaron vuelos de aeronaves militares, civiles o comerciales, ya fueran éstos programados o no.
Con respecto a las explicaciones astronómicas, el intento de reducir las observaciones de Bariloche a cuerpos celestes, ya fueran planetas, estrellas, o a meteoritos erróneamente percibidos es absolutamente inconsistente. Así lo demuestran los datos obtenidos mediante la implementación de softwares astronómicos, como el Expert Astronomer for Window y el Ez Cosmos 3.0. Reiteramos que en los eventos de Bariloche las posiciones de los fenómenos luminosos insólitos no coinciden con la de ninguno de los astros. Y en cuanto a los meteoritos, ellos de manifiestan -como ya explicáramos en un capítulo anterior- dentro de muy limitadas condiciones de movilidad y duración que en nada semejan a las que caracterizan el comportamiento de los fenómenos reportados.
En relación a las hipótesis óptico-atmosféricas que pretenden reducir las observaciones a meros fenómenos de reflejos o de refracciones lumínicas, proyectadas desde tierra, subrayemos que las circunstancias meteorológicas existentes la noche de ese 31 de julio no fueron apropiadas para que ocurrieran efectos ópticos de alguna importancia. Y como ya expresáramos, mientras que las capas nubosa aparecían desplazadas hacia la Cordillera, al Oeste, las manifestaciones insólitas avistadas se dieron precisamente en los sectores despejados del cielo.
Finalmente, respecto a las hipótesis psicologistas, al término de una investigación y análisis minuciosos, la conclusión que alcanzamos es de que las probabilidades de que una solución de ese tipo tenga algún viso de razonabilidad y sensatez son enteramente remotas.
A luz de todo lo expuesto hasta ahora en este Informe, surgen los siguientes interrogantes:
¿Hubo en realidad un solo OVNI sobre Bariloche y las desemejanzas en las descripciones obedecen a dispares condiciones y perspectivas de observación por parte de los testigos?
¿O quizá el fenómeno percibido, aunque único, posea cualidades "proteiformes", esto es, posea la aptitud de modificar, en diferentes instancias, tanto su apariencia, como sus patrones lumínicos?
¿O bien su estructura es ambigua, como un modelo geométrico equívoco, en el cual surgen diversidad de figuras, cambios en el aspecto sensible de su imagen, disímiles, pero todos ellos igualmente valederos y reales?
¿Podría argumentarse, tal vez, que el llamado caso Bariloche no se limite al avistaje de un solo OVNI -como a nivel periodístico y popular se ha creído hasta ahora- sino que se trate de una pluralidad de fenómenos insólitos (al menos dos), cuyo comportamiento muestra evidente intencionalidad?
Nos inclinamos a rescatar como más viable esta última presunción, aunque sin desechar una posible incidencia secundaria por parte de las otras tres opciones, al menos en una fase preliminar y con los elementos de convicción reunidos hasta hoy.
Hay un aspecto relevante del fenómeno OVNI, al que hemos mencionado con alguna frecuencia: la intencionalidad., sin duda el más desusado de los ítems de extrañeza y que merece un párrafo especial. Adviértase que en ningún momento aplicamos el concepto de inteligencia para designar tal modalidad en las manifestaciones OVNI. Hay una razón de peso para esta elección: el término inteligencia resulta equívoco, habida cuenta de que por él se entienden realidades distintas, y que una precisa definición teórica plantea problemas, no habiéndo sido aceptada por unanimidad desde el punto de vista psicológico.
En cambio, el concepto de intencionalidad es menos comprometido. Recordemos a este propósito que, como señala el filósofo Franz Brentano, todo acto psíquico participa de esa cualidad. Es decir que los entes psíquicos que la ejercen son capaces de percibir estímulos externos y reaccionar con relación a ellos. En muchos casos los OVNIs dan la clara impresión de que advirtieran dichas presencias y orientaran su comportamiento en función directa de las mismas.
En el caso Bariloche, se aprecian varias fases que sugieren actitudes y movimientos intencionales por parte de los fenómenos luminosos observados. Como los ejemplos que citamos a continuación:
1) El desplazamiento evasivo (en ángulo de 90 grados), cuando el Boeing realiza su viraje a los 6.400 pies de altura.
2) La configuración triangular que lo acompaña -en vuelo formado- durante 3 minutos en su descenso hacia el aeropuerto.
3) Las maniobras totalmente insólitas para un fenómeno natural y conocido que efectúa luego de sobrepasar en vuelo al GN-705, de la Gendarmería.
4) La "espera" a 10.000 pies de altitud y el nuevo acompañamiento al avión de línea.
5) Son también dignas de mención las expresiones del comandante Cipuzac acerca de la "sensación" que el comportamiento de la extraña luz le produjera, en el sentido que no parecía errática, sino como el de un objeto controlado inteligentemente.
6) Notemos, además, que los dos niveles mencionados -6.400 y 10.000 pies- son precisamente los prestablecidos en la carta de vuelo nº1 para el procedimiento de aterrizaje en el Aeropuerto de San carlos de Bariloche. La circunstancia de que las detenciones en "espera" del fenómeno luminoso ocurrieran precisamente en ambos niveles, no deja de ser intrigante.

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Como conclusión, creemos que es posible vislumbrar en los incidentes de Bariloche una intrincada estructura fáctica de insospechada complejidad; una sucesión de eventos anómalos -no siempre asociados entre sí con claridad- y de no fácil integración en un panorama general. Precisamente, es debido a la antedicha complejidad que se torna difícil ensayar una valoración global de extrañeza en términos cuantitativos para todos los avistamientos involucrados.
Por último, en lo que concierne a la naturaleza de estos extraños fenómenos (OVNIs o anomalías aéreas), sólo podemos movernos por ahora en un terreno conjetural y especulativo, donde por el momento no se avizoran respuestas categóricas. Este es, sin lugar a dudas, el gran desafío pendiente.
Una acotación final que ubica el incidente de Bariloche dentro de un contexto más amplio: estos encuentros de aviones con OVNIs no son excepcionales y por supuesto no se limitan a los sucesos considerados en el presente informe (existen al respecto valiosos catálogos mundiales que recogen una nutrida casuística*). En la mayoría de estos eventos se alude con mucha frecuencia a un manifiesto comportamiento intencional por parte de los fenómenos anómalos. Incluso la calificación de maniobras inteligentes es explícitamente aplicada. Estos llamados casos aeronáuticos han ocurrido desde el inicio de la historia contemporánea de los OVNIs y siguen ocurriendo en distintas latitudes y épocas.

Fuente: Gaceta ovni

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